
Haibane Renmei: serie de anime (animación japonesa) del año 2002, compuesta por 13 episodios, basada en el trabajo de Yoshitishi ABe.
Necesitaba un desahogo de tanta integral, matriz y demás perversiones, y sabía que si continuaba con la segunda temporada de Battlestar Galactica, no me iba a quedar tiempo de hacer nada, así que decidí buscarme una serie de anime cortita para desconectar de vez en cuando del estudio. Y como manda la tradición, decidí no ver ninguna de las siete u ocho que tengo pendientes en mi disco duro, sino ir a por Haibane Renmei, que además, hacía mucho tiempo que tenía ganas de ver.
¿De qué va esta serie? Una chica sueña que cae del cielo: no está asustada, sino que se la ve casi plácida. Un cuervo la intenta sujetar, pero desiste rápidamente. En un momento, la chica se despierta dentro de una especie de burbuja, de la cual sale, siendo recibida por unos seres con alas como las de los ángeles, pero mucho más pequeñas, y halos encima de su cabeza. No recuerda ni su nombre, ni su ciudad natal, ni nada. Cuando despierta, nota la espalda como rara: al cabo de un rato (en una escena preciosa) tras bastante dolor le salen alas a ella también. La que se ha encargado de cuidarla, Reki, la cuenta que ahora es un ser llamada Haibane, que vive en una ciudad llamada Glie, rodeada por una muralla, de la cual no sale nadie y sólo entran algunos comerciantes de vez en cuando. Debido a su sueño (estaba cayendo del cielo) la llaman Rakka… y hasta ahí puedo leer.
Haibane Renmei no es una serie para todo el mundo. Tópico usado hasta la saciedad, pero esta vez sí que se cumple: es una serie de ritmo lento, pausado, de actos muy cotidianos (sobre todo los primeros capítulos, donde Rakka se dedica a descubrir un poco la ciudad y los trabajos de las otras Haibane), que por cada pregunta respondida deja diez nuevas en el aire, que se toma su tiempo para responderlas, y que incluso al final, deja unas cuántas sin responder, abiertas a las teorías del lector. Dicho esto, diez minutos después de haber visto el último capítulo en un último maratón de siete episodios, puedo decir que Haibane Renmei es, seguramente, de las cinco mejores series de anime que he visto en mi vida: tierna sin ser nunca sensiblera, deliciosamente elegante (su desarrollo, cómo está “rodada”, la manera que tiene de dejar preguntas sin responder…), emocionante sin ser cursi… Y encima, estéticamente, es preciosa, con unos paisajes totalmente bucólicos (un poco en plan La Casa de la Pradera, que sería una cursilada de serie, pero el fondo era precioso), y una ciudad que parece europea, de calles pequeñas, empedradas, edificios antiguos… un antojo de sitio, no me extraña que la gente no sienta demasiada curiosidad por salir de Glie.
Los personajes son en general muy “monos”, alegres, siempre dispuestos a ayudar… se hacen querer muy pronto, y si bien a veces de tan puro alegres son un poco planos (unos más que otros), son realmente interesantes. Los de las dos protagonistas, Reki y Rakka, son más complejos, con más claroscuros, sobre todo Reki, para mí, el personaje de la serie con mayúsculas (y al final, el que tiene más historia detrás). Otro factor que ayuda a redondear Haibane Renmei es su exquisita banda sonora. La música es de Kou Otani, y las leyes de la matemática nos dicen que Kou Otani=música soberbia, pero es que encima pocas veces ha estado el compositor tan inspirado como en esta serie. Baste como ejemplo el soberbio tema de los créditos de introducción (puesto al final), de influencias ligeramente celtas, y tan elegante como la serie, porque si esta serie puede catalogarse como algo, como ya dije antes, es como elegante: en su manera de acercarse a la ternura y la emoción sin nunca sobrepasar la línea que los separa de lo blando y cursi, en la presentación de los personajes, en la forma de presentar los temas básicos de su argumento (crecer, asumir los fallos pasados, pedir perdón, seguir adelante), en su tempo pausado pero seguro, en su forma de dar respuesta a las preguntas que deja el argumento, nunca acelerando el paso, siempre como flotando, como esas siestas de primavera a las cuatro de la tarde; incluso en su final, poéticamente cíclico (nota para el lector: si Odelay se pone muy pedante, es que algo le ha llegado muy dentro de esa cosa roja que tiene en medio del pecho); es cierto que deja dos preguntas básicas en el aire, como son qué son los Haibane exactamente y qué hay más allá de las murallas de Glie, pero incluso su manera de no decirlo, pero insinuar algunas cosas, es, de nuevo, y perdón por la repetición, deliciosamente elegante.
Haibane Renmei es un milagro de serie, una de las pocas de las que se puede decir que en todos y cada uno de sus apartados me ha parecido que estaba a un nivel espléndido: hasta su duración, 13 episodios, es la adecuada. Es de las series más tiernas que he visto en años, y de las más ensoñadoras, sus personajes, se haya profundizado más en ellos o no, son deliciosos, su apartado gráfico es bellísimo, su música es de lo mejor que ha hecho Kou Otani… Puede que no os convezca su ritmo pausado, o que sus personajes no os enganchen lo suficiente (algo vital en una serie de este ritmo y de actos tan cotidianos), pero hay que verla y dejarse llevar por su aire entre mágico y ensoñador: si os engancha, no os soltará hasta mucho, muchísimo después de haber terminado su último capítulo, e incluso después, seguro que el escuchar las primeras notas del tema de los títulos de crédito llevan una sonrisa tonta a vuestra cara, pensando en lo preciosa y mágica que era la serie a la que acompañaba, y cuyo nombre era Haibane Renmei.
Mi nota: 9,5.
Como prometí, este el el tema de los créditos iniciales de Haibane Renmei. Se llama Free Bird, y está compuesto por, como ya dije, Kou Otani.

Aquí estoy, dos años después de que escribieras tu sinopsis. Te felicito, me ha hecho emocionar recordando esta serie. Hasta luego.
Comment by iunfind — July 9, 2009 @ 7:50 pm