Ok, es hora de retomar esto. La razón de que no haya escrito en casi un mes en este blog es una combinación de estudios, series (Dennou Coil, Darker Than Black, Lucky Star, Verónica Mars, Battlestar Galactica), música variada y un juego de ¿rol? (PUTO AUTOLEVELLING) de los más viciantes que se hayan hecho jamás: The Elder Scrolls 4: Oblivion. Pero una vez iniciadas las clases, y terminadas muchas de las series anteriormente mencionadas, he encontrado en la rutina de la universidad la fuerza que necesitaba para liberarme del maligno y absorbente influjo del juego de ¿rol? que antes he mencionado, y retomo mi actividad bloguera dando otra peregrina opinión sobre una serie de anime que ha acabado recientemente y que ha sido de las más populares (por no decir la que más) de esta temporada: Lucky Star.
Lucky Star (hecha por Kyoto Animation, famosos por La Melancolía de Haruhi Suzumiya, Air, Clannad, Kanon y la segunda temporada de Full Metal Panic) es una serie de 26 episodios, de estética ciertamente loli, y que sigue la vida de cuatro chicas de instituto, sus problemas cotidianos, sus aficiones, etc, etc… Las cuatro protagonistas principales (aunque al final el elenco se extiende también a la prima de una de las protagonistas y sus amigas) son:
- Konata Izumi: Chica atlética, inteligente, un poco canija, obsesa del anime, del manga, de los juegos de rol online y de juegos para adultos, coleccionista y consumista ávida de todo tipo de merchandising relacionado con ellos (ejemplo: compra siempre de cada tarjeta telefónica tres ejemplares: uno para coleccionar, otro para guardarlo por si se pierde el otro y otro sólo por si acaso), trabaja en un bar de cosplay para costearse sus caras aficiones, y podría sacar unas notas impresionantes si no fuera porque los estudios le dan bastante igual.
- Kagami Hiiragi: Chica de pelo largo, violeta, muy estudiosa, muy trabajadora, muy responsable. También disfruta de los videojuegos, en su caso de los shumps, y de las novelas ligeras, aunque nadie a su alrededor comparte su afición. Aunque siempre es la que corrige a los demás en su actitud, Konata siempre encuentra la palabra adecuada para sacarla de sus casillas.
- Tsukasa Hiiragi: La hermana gemela de Kagami, con pelo violeta, pero corto, es su contrapunto total: agradable, buena gente, y siempre en las nubes, siéndole difícil seguir una conversación larga, estudiar durante mucho tiempo (siempre termina pidiendo ayuda a Kagami), durmiendo muchas horas… Adorable, pero vive en su mundo.
- Miyuki Takari: Con pelo rosa, largo, y grandes gafas, es la sabihonda del grupo. Siempre educadísima, todo un baúl de conocimientos al que todos recurren cuando tienen una duda, lleva gafas debido a su afición a leer aunque sea a oscuras, duerme bastante, y odia ir al dentista (¿quién no?)
Al final de cada capítulo, se ofrece un segmento adicional llamado “Lucky Channel”, presentado por la bipolar idol japonesa Akira Kogami (una personalidad adorable en la pantalla, y una cínica, egoísta, resentida, y fumadora compulsiva fuera de ellas) y Shiraishi Minoru, en la cual se discute acerca de los personajes de la serie (mientras ambos presentadores no se peleen en directo). El ending durante los primeros capítulos era las cuatro chicas en un karaoke cantando todo tipo de cosas, pero a mitad de la serie cambiaron por unos delirantes y cutrísimos números a cargo de Shiraishi Minoru (esta vez el de carne y hueso)
Con la descripción que he dado en el segundo párrafo, una serie viene a la mente cual rayo en la noche tormentosa: Azumanga Daioh. Sabiendo que considero Azumanga Daioh la mejor serie de animación que he visto en mi vida, ¿le llega al menos a la suela de los zapatos a ese milagro de serie? Es más, ¿es justa la comparación? La respuesta a ambas preguntas es un no rotundo y claro: ni llega ni por asomo a la gloria de Azumanga, ni la comparación es del todo justa. Donde Azumanga exhibía un humor directo pero tierno, absurdo pero basado en cosas muy simples, Lucky Star sigue el camino de Las Chicas Gilmore, es decir, gran acumulación de referencias culturales por segundo (se hace imposible su visionado sin una amplia cultura de series de anime, o al menos unos buenos subtítulos que aclaren todas y cada una de las referencias que se hacen a muchas series). De todas las series que se referencian, la que se hace con más insistencia, a veces hasta el punto de parecer un anuncio encubierto de ella, es de La Melancolía de Haruhi Suzumiya, aunque gracias a ella podemos disfrutar de uno de los mejores momentos de la serie: cuando las chicas van a visitar a Konata al bar de cosplay, y la descubren vestida de Haruhi Suzumiya (Konata y Haruhi comparten dobladora: Aya Hirano): los momentos en las que la citada Aya cambia en décimas de segundo de la voz de Konata a la de Haruhi son impagables. Y sí, hay unos cuántos momentos más así de descacharrantes (el capítulo de la Comicket, con la explicación del plan por parte de Konata a lo Equipo A, las entradas a la tienda de anime de Konata, Kagami y su “admirador secreto” en el viaje a Okinawa…) sin embargo ese es uno de los mayores problemas de Lucky Star: son momentos de luz ante una gran, GRAN mayoría de tedio: es EXTREMADAMENTE irregular. Cierto es que algunas partes de Lucky Channel y algunos endings de Shiraishi son grandiosos, pero cinco minutos no me justifican lo que demasiadas veces han sido 20 minutos de aburrimiento total. Y si a eso se le junta su peculiar estética (que no se que esa de mis favoritas) y voces agudas como punzones, se entiende que demasiadas veces haya estado tentado de parar y borrar el episodio. Otro de los problemas de la serie puede haberse intuido de mis palabras anteriores: en lo que es la serie (olvidándonos del Lucky Channel), el 90% de los momentos realmente buenos son protagonizados exclusivamente por Konata, la verdadera estrella de la serie, siendo el resto de personajes (excepto Kagami) meras comparsas y, en el caso de Tsukasa y sobre todo Miyuki, puro fanservice de tetas grandes y actitud estúpida que tanto me sacan de quicio, aunque esta situación se alivia un poco cuando entran en acción las amigas de Yuu (la prima de Konata) especialmente Patricia Martin (un ejemplo perfecto de qué es un weaboo o wapanese) e Hiyori, la amiga dibujante de mangas que siempre imagina a Yuu y Minami en situaciones realmente embarazosas). Pero hay demasiados capítulos que son, Lucky Channel y ending aparte, absolutamente tediosos, y sólo uno verdaderamente redondo, (el último). Ni siquiera los momentos tiernos me parecen lo suficientemente buenos como para hacer que me olvide de los momentos aburridos, sólo me añaden algunos bostezos y más y, a veces, cierta vergüenza ajena (mención especial al, para mi gusto, cursi e inaguantable segmento en el que el fantasma de la madre de Konata, Kanata, visita a su familia).
Pero como ya he dicho, no todo es malo, ni mucho menos: los momentos realmente divertidos son de llorar de risa, Konata es todo un descubrimiento de personaje, hay que hacer un monumento al que se le ocurrió la idea del Lucky Channel y los delirantes endings de Shiraishi Minoru (mención especial al de la canción sobre el robot biónico que nos salva de las caries, con la dobladora de Akira sujetándole el pantalón porque, aparentemente, no tenían suficiente presupuesto para costearle un cinturón al chico), y el último capítulo, además de ser el mejor de todos, el más redondo y el único en el cual los momentos tiernos te ponen tu agrietado corazoncito un poco sensiblote, contiene, por fin, la coreografía completa del opening, la cual será la reina en convenciones de anime y demás, dándonos horas y horas de loles como soles en Youtube. No es Azumanga, ni creo que realmente lo pretenda (aunque pertenezca al mismo género), y en sus mejores momentos, la esencia de la serie la resume muy bien Konata en sus últimas palabras en la serie: “La verdad, nunca fuimos demasiado en serio”.
Mi nota: 6,5