2008: resúmen musical. 3) Top 10 de discos
Pues eso, la última parte del megapost de resúmen. Amos allá.
10. Boris: Smile

Mi descubrimiento guitarrero del año pasado, los japoneses han sacado por fin una continuación de aquel ruidoso, caótico y tremendo Pink, el cual ha venido en dos versiones: la más normalita versión americana (la que ha sido publicada en España), y la japonesa, totalmente loca, experimental y extrema (sólo hay que escuchar Shoot!: pura esquizofrenia sonora), y con una portada mucho más chula. De las dos me quedo con la japonesa, porque la versión de Message (en la versión americana, Statement, primer single del disco) es deliciosa, con sus siete minutos machacones que hacen que se te muevan los pies; porque Dead Destination (Karehatetasaki - No Ones Grieve en la versión americana) es aún más ruidosa y concreta que su versión americana, y porque la esquizofrenia le sienta muy bien a Shoot! (Laser Beam en la versión americana). Pero son detalles más estéticos que otra cosa, las canciones siguien ahí en las dos versiones, y son tremendas, una muestra más de que, a pesar de haberse autocopiado un poquito en este disco, Boris siguen molando más que el 95% de grupos de rock de la actualidad.
9. Nine Inch Nails: The Slip

Trent Reznor está que lo tira desde que su contrato con Interscope terminó: primero fue su cuádruple disco instrumental, Ghosts, del cual regaló su primer CD en Internet, y en julio fue su nuevo disco, este The Slip, el que nos ofreció gratis en Internet (al cabo del tiempo salió también en edición física). Y qué disco nos ha regalado el tito Trent: tras el abrasivo y conceptual (y obra maestra para mi gusto) Year Zero, este es un disco sencillo, que no suena tan producido, directo, preciso, y que comienza de manera arrolladora: 1000000, Letting You (su canción más cazurra en años), Discipline (que suena a Only, pero mola demasiado) y Echoplex, cuatro trallazos que te dejan pegado al auricular. El nivel baja con Lights In The Sky, una balada floja, y eso que suele ser una de sus especialidades, pero vuelve a remontar con dos instrumentales, la envolvente Corona Radiata y la más industrial The Fpur Of Us Are Dying, para terminar en todo lo alto con otro trallazo, Demon Seed. The Slip es el disco que necesitaba Trent tras Year Zero: sencillo, directo y preciso, lleno de temas que se pegan y no te sueltan. Y encima, es otro puñetazo encima de la mesa de las discográficas, incapaces de adaptarse a los tiempos tecnológicos en los que vivimos.
8. M-Clan: Memorias de un Espantapájaros

Nunca me habían gustado M-Clan. Demasiado blanditos y repetitivos para mi gusto, a pesar de tener alguna canción memorable (sobre todo su preciosa versión de Serenade de la Steve Miller Band) y un cantante de voz privilegiada para el rock, Carlos Tarque. Pero tras cerca de 14 años de carrera, llega la madurez, y los murcianos entregan un disco tan bueno que no te crees que sea suyo, sino de un Springsteen o de una Lucinda Williams muy rockera. Lleno de letras certeras (la de Inmigrante es impagable), es un disco de rock de los que no se ven habitualmente por España: pegajoso, pegado casi siempre al country, con destellos de folk (Balada del Desarraigado) con algún homenaje a los mitos delo rock de los 70 (El Viaje), y temas inmensos (Roto Por Dentro podría haberla firmado la mejor Lucinda Williams). Mi sorpresa con mayúsculas del año, sin duda alguna.
7. Ladytron: Velocifero

Si, en el fondo es más de lo mismo, y en este caso, más acusado, ya que Velocifero es un pequeño refinamiento de lo visto en Witching Hour, parecido a Light And Magic con respecto a 604. Pero un disco que comienza con Black Cat y continua con la tremenda Ghosts (homenaje directo a Depeche Mode) no puede ser malo. Y aunque su fórmula permanezca inalterada en la mayoría del minutaje (I'm Not Scared, Runaway y Burning Up son reescrituras directas de Destroy Everything You Touch), hay dos experimentos tremendos: la explosiva y sincopada Predict The Day, y la preciosa Versus, donde oimos guitarras acústicas (¡Instrumentos analógicos! ¡Horror!) y a Daniel Hunt cantar al lado de Helen Marnie, y no hacerlo mal, por cierto. Y aunque el resto sea más de lo mismo, el poder de temas como Deep Blue (mi favorita del disco) o las ya mencionadas Burning Up o I'm Not Scared es demasiado como para ser ignorado. Ya van cuatro discos, y estos ingleses siguen sin fallarme. Gracias.
6. R.E.M.: Accelerate

R.E.M. llevaban unos años sin ofrecernos nada de verdadera altura. Reveal era bonito, pero poco brillante para lo que nos tenían acostumbrado, y Around The Sun era malo. Si, R.E.M. habían hecho un disco malo. Horror, pánico y miedo recorrieron a los fans del grupo de Athens: ¿tal vez se les habían acabado las ideas al trío mágico? Michael Stipe y los suyos debieron de darse cuenta de ello, y decidieron volver al principio de todo: rock y pop sin adulterar, casi garajero, canciones cortas y precisas (creo que es la cuarta vez que uso este adjetivo en el artículo, y las que quedan...), sólo lo mejor y más concreto que se pueda hacer, sin aditivos. Y Accelerate, el resultado de tanta concrección, es un triunfo a todos los niveles. Recupera las mejores melodías del grupo (Supernatural Superserious, Mr. Richards, Houston), añade rock sucio y furioso (Living Well Is The Best Revenge, Horse To Water, I'm Gonna DJ) y algunas de las mejores canciones que hemos oído del grupo en casi 12 años, especialmente Accelerate, un temón con guitarras cortantes y fondo disonante que recuerda a Sonic Youth. Muchos nos temimos lo peor con Around The Sun, pero afortunadamente Accelerate demuestra que a R.E.M. todavía les queda cuerda para rato.
5. Amaral: Gato Negro/ Dragón Rojo

Pájaros en la Cabeza era un buen disco, con algunos temas tremendos (Enamorada, Tarde Para Cambiar, El Universo Sobre Mí) pero muy irregular, lejos de la gloria que el duo zaragozano nos había regalado con Estrella e Mar y sobre todo con Una Pequeña Parte del Mundo (para mí, su mejor disco). Cuando supimos que su siguiente disco iba a ser doble, a muchos nos entró miedo: un disco doble suele ser sinónimo de muchos experimentos fallidos e irregularidad total. Pues bien, Eva y Juan obran el milagro, y logran que en un doble disco de 19 temas no haya no más de dos o tres temas desechables. Con otro memorable primer single (Kamikaze), se muestran más conservadores en el primer CD y más experimentales en el segundo, aunque, como hemos dicho antes, casi nada sobra, y la cantidad de temas memorables es abrumadora: Biarritz, uno de los temas más bonitos que han hecho en años; El Artista del Alambre, su letra más devastadora desde Siento Que Te Extraño; Perdóname, el reggae de Alerta, el rock pegadizo de Las Puertas del Infierno y Es Solo Una Canción, el pop a lo Radiohead de Deprisa... Había miedo al doble disco, y más después de lo irregular de su último disco, pero Eva y Juan demuestran que siguen siendo de lo mejor que tenemos en el pop español.
4. Beck: Modern Guilt

¿Es otra vez una posición tan alta de un disco de Beck un signo inequívoco de mi fanboyismo talibán? Es posible, pero si ha habido un disco en años del genio californiano que se merezca estar tan alto, es este. En un año de vuelta a lo básico, de discos cortos, ninguno ha sido tan corto como este, ni tan certero. Ayudado por el gran Danger Mouse, Beck engarza la lista de temas de más calidad y mayor riesgo sonoro que ha producido en años. El tramo inicial del disco es especialmente abrumador: cuatro temas del calibre de Orphans, Gamma Ray (mi single bailongo del año), Chemtrails (una vuelta a los sonidos de Mutations preciosa) y la pulsante Modern Guilt conforman el mejor comienzo de disco del californiano desde no se sabe cuándo. Luego, aunque no sea tan brillante, hay mucho más, y muy bueno: blues (Soul Of A Man), rock sesentero (Profanity Prayers) y hasta programaciones drum n' Bass (Replica). Modern Guilt es uno de los viajes más cortos que nos ha propuesto Beck, pero de los más intensos también, y el primer disco que hace en años que puede mirar de tú a tú a los discos míticos del angelino.
3. Eli “Paperboy” Reed & The True Ones: Roll With You

Seguro que hay una regla (parecida a la que propuse hace dos años para el Ys de Joanna Newsom) por al cual si eres blanco, de ojos azules y de Boston no puedes hacer soul. Bien, Eli Reed la ha tirado por la borda, porque ha hecho el disco de soul más clásico y caliente hecho después de los 70. Tiene una banda detrás impagable (The True Ones) que le da la energia necesaria a cada tema, pero lo que destaca sin duda es su voz. Desgañitándose cual Sam Cooke en cada tema, cantando con las entrañas, es la mejor nueva voz masculina de soul que he oído en mucho, mucho tiempo: no tiene un registro apabullante (de hecho, cuando se va a los agudos parece que su voz está al límite), pero canta con un sentimiento y descaro increibles, arrastrando como sólo los muy veteranos saben (bueno, y la gran Amy Winehouse), gritando como, cuándo y de la manera que se debe… Y es que encima, los temas de este disco, a pesar de parecerse a veces demasiado a ciertos temas del soul clásico, son tremendos (The Satisfier, I'm Gonna Getcha Back, It's Easier, Doin' The Boom Boom...) En resúmen, Eli “Paperboy” Reed es uno de esos fenómenos que salen cada mucho tiempo, y que te dejan patidifuso primero, y entusiasmado y rendido a él después. Un último consejo: si pasa por vuestra ciudad, ni se os ocurra perderos un concierto suyo: es como todo lo que he dicho del disco, pero elevado al cubo, un viaje en el tiempo 50 años atrás, cuando el soul era algo mucho más auténtico, emocionante y excitante de lo que suele ser ahora.
2. TV On The Radio: Dear Science,

Sí, la coma pertenece también al título del mejor disco del posiblemente mejor grupo del rock alternativo americano. Si ya el anterior disco significó una gran cohesión de todas sus influencias, “Dear Science, ” es el refinamiento final, sonando como antaño, con cierto aroma general a David Bowie, con sus guitarras ruidosas y disonantes de fondo marca David Sitek (de los mejores productores de rock de la actualidad), pero añadiendo un poco más funk y hip-hop a su explosiva mezcla. Y sobre todo, eliminando relleno: 11 temas grandiosos, algunos bailongos (Dancing Choose y Golden Age, los dos mejores singles del año sin discusión), otros más reflexivos (Family Tree, Stark & Owl y Lover’s Day, preciosos), con pinceladas de afro-beat incluso (Red Dress) o de pop sesentero (los coros de Halfway Home). Lo más chocante para mí es que las 11 canciones me mueven y me emocionan hasta extremos que pocos discos han hecho en mi vida, sin un solo momento de aburrimiento, ni siquiera de ligero valle, conformando el que, si no fuera tan fanboy, sería el primer disco de la lista. Ya van tres discos impresionantes, así que creo que ya es hora de dejar de considerarlos una promesa interesante y darles el puesto que se merecen, al lado de lo más grande que nos ha dado la música en los últimos 20 años. Sí, son tan buenos.
1. Portishead: Third

Pero como decía antes, soy un asqueroso e injusto fanboy, y este año, por fin, Portishead han vuelto. Han sido 11 años esperando este disco, pensando al principio que bueno, ese año sí que iba a ser el definitivo, conociendo el nombre de este disco como “Angel”, esperando, esperando... y al final, desistiendo, disfrutando con el disco en solitario de Beth Gibbons (con Paul Webb, Out Of Season, un disco precioso, por cierto), y perdiendo la esperanza, para recuperarla al oir algunos instrumentales colgados en el Myspace del grupo, para volver a perderla, harto ya de tantos vaivenes... hasta que llega el 2008, y el milagro se produce: vuelven al estudio y graban un nuevo disco. El miedo que sentía era indescriptible, vistos los regresos de muchos grupos (The Smashing Pumpkins y su tremendamente decepcionante Zeitgeist, o The Verve y su flojo Forth, sin ir más lejos). Y llega el primer single: Machine Gun. Recuerdo cómo me quedé con los ojos como platos cuando escuché aquellas percusiones metálicas y repetitivas, que no se parecían en nada a todo lo que recordaba y amaba del grupo. Pero me estaba gustando. Y mucho. Cuando empezó la voz de Beth, ya me habían cogido del corazón otra vez, como si no hubieran pasado 11 años. Cuando terminó, el miedo se había disipado: Portishead habían conseguido eso que busca todo grupo que se reune después de una separación, hacer algo que sea sustancialmente distinto a lo ofrecido en el pasado, pero que conserve la esencia del grupo. Y esa es la mejor descripción que se puede hacer de su tercer disco: no suena para nada a los Portishead clásicos, y a la vez es un disco 100% Portishead. Sonoramente, el grupo se olvida del trip-hop y casi del todo del soul, sube al doble el contador de BPMs, y se va al rock con algo de psicodelia, (el final de Small, por ejemplo), algún toque folk (el principio de The Rip y Deep Water, sobre todo) y arrebatos electrónicos (la mencionada Machine Gun), siendo más experimentales y arriesgados que nunca, incluso más que en su segundo disco; pero manteniendo la sensación de opresión y de claustrofobia que siempre ha tenido su música, y su acabado conscientemente lo-fi, poco refinado. Y para redondearlo todo, está Beth, que ya no tiene la voz de antaño, pero sigue interpretando de manera exquisita. Es un disco oscuro, experimental, a veces difícil de escuchar de lo opresivo que resulta, que aunque nunca parece sonar a Portishead (sólo el tema final, Threads, recuerda mínimanente a sus dos primeros discos, y en ellos ya pasaría por un tema raro), tiene ese aura, ese aroma que te dice al momento que estás ante ese grupo de Bristol que tan importante ha sido en la música electrónica de los 90, aparte de contener, pequeño detalle sin importancia, 11 temas inmensos, plenos, tristes, brutales. Sí, soy un asqueroso e injusto fanboy, pero soy sincero, y el disco que más he disfrutado este año es este, sin duda alguna: el disco al que tenía más miedo de los discos de grupos reunidos estos últimos años, y el mejor de ellos de larguísimo. 11 años de espera, pero Dios si ha merecido la pena.
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Bien, se acabó el megaresúmen. Como digo todos los años, a pasarlo bien, no os atragantéis con las uvas, y ojalá que en el 2009 nuestros problemas duren tanto como nuestros propósitos de Año Nuevo. ¡Feliz año!

Enhorabuena por tu análisis, niño melon. Merece la pena llegar a final de año para leer tus megatochos de música. Alegran la vida, en serio.
Comment by Raven — January 1, 2009 @ 8:02 pm