Odelay's Space

Música, Videojuegos, Review

Martes, 28 de Julio de 2009

2:51 pm

Que no me he olvidado de esta sección. Sigamos:

Final Fantasy X

Compositores: Masashi Hamauzu, Junya Nakano, Nobuo Uematsu

Final Fantasy X fue el comienzo de algunas cosas, pero el final de muchas otras. Es el comienzo de la saga en una nueva consola (la Playstation 2), es la primera entrega que incluye diálogos hablados, la primera con otros compositores aparte de Uematsu (sin incluir la saga de Final Fantasy Tactics, por supuesto). Pero también significa el adios de la saga a una de sus figuras emblemáticas (Hironobu Sakaguchi), el último juego de la saga que haría la compañía antes de fusionarse con Enix, y el último (hasta el momento) que contaría con una participación sustancial de Nobuo Uematsu en el aspecto sonoro. Es por eso que todo el juego tiene un carácter extraño, nostálgico a ratos, y rupturista en otros, y es en esa fricción entre tradición y ruptura donde reside tal vez parte de su encanto, y su mayor seña de identidad. La historia es de la más dramáticas de la saga, con gran carga de crítica religiosa, que nos presenta un mundo (Spira) inmerso en un ciclo de continua muerte: Sin (una especie de ballena gigante con poderes psicotrónicos) arrasa una población o varias, un invocador va por los templos reclamando de gente que está atrapada en piedra unos espíritus muy poderosos con los cuales poder vencerle, cosa que, si consigue, mata al invocador; para que al tiempo Sin vuelva a renacer y todo vuelva a empezar. La inevitable historia de amor es un poco cursi, pero mona (reconozco que se me hizo un nudo en la garganta con el final); los personajes son buenos, especialmente la maternal y amargada Lulu; el sistema de batalla, al ser por turnos puros y duros, permite mucha más estrategia que en el pasado; el aspecto gráfico, en su día espectacular, sigue resistiendo bien... Es un juego bastante completo, muy cinematográfico, muy lineal (a muchos fans les dolió mucho la supresión del mapamundi), y un digno final tanto a la etapa de Sakaguchi, el alma mater de la saga, en la compañía, como a la de Squaresoft como tal, dado que al poco tiempo se fusionó con Enix, dando lugar a SquareEnix (o como la conocemos casi todos, Squeenix)

En el aspecto sonoro, también tenemos el mismo carácter de lucha entre renovación y tradición, porque, oh novedad, aquí hay tres compositores. La renovación la encarnan Masashi Hamauzu y Junya Nakano, los encargados de traer nuevos aires e influencias a la banda sonora; y la tradición la encarna Uematsu, el viejo maestro, que aquí deja el protagonismo a sus dos pupilos, tanto en número de pistas como en su calidad.

Porque Uematsu en esta banda sonora está... muy mal. Puede que el esfuerzo mastodóntico de la banda sonora del FFIX le dejara para el arrastre, pero es que de su aportación pocas cosas se pueden salvar: algunos temas agradables (“Ending Theme”, “Mi'ihen Highroad” o “Calm Before The Storm”) y sólo dos de ellos de cierta altura: las dos melancólicas y preciosas piezas para piano de “To Zanarkand” y “Via Purifico”. Del resto, o se parece demasiado a algo que ya haya hecho en el pasado (Seymour's Theme, Tidus's Theme), o es soso y manido con avaricia (Auron's Theme) o es directamente sonrojante (Shoopaf Riding, Djose Temple). No es raro que después de esta banda sonora el compositor se tomara unas buenas vacaciones, porque aquí se le nota sin inspiración, repitiendo progresiones melódicas de una manera irritante, y con arreglos que parecen de la generación anterior, sin intentar explotar las nuevas capacidades de un hardware bastante mejor que el anterior. Tal vez es esto último lo que más me extrañe: Uematsu ha exprimido muchas veces en cuestión de arreglos y texturas el hardware en el que se encontraba (recordemos la variedad abrumadora del FFVI), con lo que no se entiende que, ahora que tiene un hardware que le podría dar una expresividad mucho mayor, no la aproveche, y use una paleta de sonidos tan limitada. La balada cantada también es suya (Suteki Da Ne?), el precioso arreglo es de su compañero inseparable, Shiro Hamaguchi, y sería tal vez la mejor balada cantada de un FF de no ser porque no aguanto la extremadamente irritante voz de Rikki la cantante.

De los dos nuevos, Nakano es el más irregular. Sus temas son mucho menos melódicos, más atmosféricos, casi ambientales, con mucha atención a las texturas usadas, y aprovechando al máximo el hardware de la Playstation 2. Tanta textura tiene el riesgo de a veces perderse por el camino y terminar volviendo la pieza un aburrimiento total, cosa que a Nakano le sucede bastantes veces aquí (Darkness o Temple Band, por poner dos ejemplos), pero cuando triunfa, es un acierto absoluto. Ejemplos de esto son la luminosa Luca, plagada de guitarras acústicas que se superponen; o la oscura y tremenda Guadosalam, compuesta a partir de percusiones que se van armonizando poco a poco como por arte de magia, el arreglo del himno de los oradores con acordeón y violines liberador de Sprouting, Illusion, onírica y heladora como un Calipo; los violines suspendidos en el tiempo de Twilight, o los sintes ultragraves y envolventes de Underwater Ruins. Todas sumergen la saga en el camino de la pura ambientación, y sin ser de lo mejor que ha hecho el compositor, dan nuevos aires y soluciones sonoras a la saga.

Pero el rey, el auténtico dominador de esta banda sonora en calidad es Masashi Hamauzu, posiblemente el mejor compositor de música de videojuegos de Japon en la actualidad (juro que estoy intentando mantener el fanatismo lo más controlado que puedo). Tras rescatar la saga de videojuegos Saga Frontier de la mediocridad con una banda sonora legendaria como la del Saga Frontier 2, Hamauzu trae sus mezclas de estilos y su estilo impresionista, de melodías difusas como colores superpuestos, que de cerca no parecen tener sentido, pero que en cuanto te alejas forman un cuadro precioso. Su primera entrada, el precioso tema de Besaid Island, ya da una idea de la calidad de sus contribuciones, y del nuevo aire que trae a la saga. Y a partir de ahí, Hamauzu no hace más que acumular temas impresionantes, algunos de ellos de los mejores que ha visto tanto la saga como los videojuegos en general en mucho tiempo, como People Of The North Pole, la melancólica y solemne pieza que nos acompaña en nuestro laaaaaaargo camino por el Monte Gagazet, penúltima escala de nuestro trágico viaje, y que seguramente es el mejor tema de la banda sonora, y uno de los cinco mejores temas de la saga; los sintes etéreos que se superponen y el clarinete depresivo de la ensoñadora “Wandering Dream”, o el tema de batalla final, una disonante y agresiva pieza para piano que recuerda a Stravinski y que se convierte, por raro que pueda sonar, en uno de los más agresivos y mejores temas de batalla finales de la saga. Por el camino hay de todo: una delicada maravilla con un etéreo sinte que cae como el rocío y violines arrulladores (Macalania Forest), un arreglo del himno de los oradores con coro e instrumentos japoneses que pone los pelos de punta (The Sending), el techno funky y bailón de Blitz Off!, la cacofonía imparable de Crisis, el ruido como de trenes que te apisonan de Challenge… Lo que asusta es que de todas sus contribuciones sólo se puede encontrar un pequeño fallo (Confrontation, que no va a ninguna parte): todo el resto de sus temas son de un nivel como poco notable, y la mayoría de las veces se convierten en lo mejor del CD al que pertenecen, llenos de melodías imprevisibles, extrañas y preciosas, y arreglos memorables e imaginativos. Y aún tendría margen de mejora: su siguiente banda sonora, la del Unlimited: SaGa, es una joya musical, dividida en dos discos cada uno con un estilo diferente (uno clásico y otro más techno), y brillando en ambos con una calidad que asusta, doctorándose como el mejor compositor de música de videojuegos que tiene Japón ahora mismo (ahí, que no se note que soy fan ni nada)

También contribuye Nakano, pero es sobre todo Hamauzu quien hace olvidar los múltiples patinazos de Uematsu, y quien eleva esta banda sonora a ser, seguramente, lo mejor que ha ofrecido la saga musicalmente desde el FFVI. Si gusta más o menos es cuestión de gustos (a mí me gusta más, pero soy un fan irredento de Masashi Hamauzu, así que no cuento), pero no queda duda de que es la más diversa de la saga, producto de la colisión de los estilos tan diferenciados de los tres compositores, además de ser un gran y muy necesario soplo de aire fresco en una saga que en lo musical (y también en lo jugable, para ser sinceros) necesitaba un poco de renovación.

Mis favoritas:

CD 1: To Zanarkand, Underwater Ruins, Besaid Island, The Sight Of Spira, Illusion
CD 2: Sprouting, The Sending, Silence Before The Storm, Luca, The Splendid Performance, Travel Agency, Guadosalam
CD 3: Thunder Plains, Macalania Forest, Scorching Desert, Crisis, Via Purifico
CD 4: People Of The North Pole, Wandering Flame, Someday the Dream Will End, Hymn Of The Faith (Lady Yunalesca), Challenge, Decisive Battle

Mi nota: 8,5

Televisión, Review

Miércoles, 22 de Julio de 2009

4:35 pm

Daria

 “No tengo baja autoestima, sólo tengo poca estima por el resto de la gente”
 

En estos seis meses que llevo sin estar por aquí me he dedicado sobre todo a estudiar, como un auténtico cerdo. Pero seis meses dan para mucho, y ha habido (poco, como habrán podido comprobar por la falta de actualizaciones) tiempo libre para poder hacer esas cosas que evitan que me vuelva loco y salga a la calle con un AK-47 dispuesto a liberar al mundo de tanto gilipollas: música (publicaré en breve mi “esperadísima” lista de ecuador del 2009 de discos), cine, juegos (vivan Fallout 3, Street Fighter 4 y Mirror's Edge), y series. Precisamente de la serie que más me ha gustado de las que he visto este año, y de una de las que más me ha gustado en un cierto tiempo, quiero hablar hoy: Daria.

Daria es una serie que emitió la MTV (si, esa cadena que antes emitía música y series interesantes y ahora emite reality shows vergonzosos para cualquiera con un nivel de inteligencia superior al de una cucaracha) entre 1997 y 2002, y que nos narra las vivencias de Daria Morgendorfer, chica de 16 años que llega junto a sus padres, Ellen y Jake, y su hermana Quinn a la ciudad de Lawndale. Daria, como podéis ver en la foto de arriba, tiene el pelo rojo, gafas, una voz monótona casi hipnótica, cara inexpresiva, y nunca ha tenido casi amigos/as, porque Daria, para su suerte o su desgracia, tiene una mente privilegiada que, aparte de permitirle sacar muy buenas notas, le permite ver lo estúpidos y vacíos que son sus compañeros de instituto y lo poco para lo que vale en realidad el sistema educativo, lo cual, unido a su ácido y cáustico sentido del humor y actitud extremadamente cínica y sarcástica ante la vida (la frase de debajo de la foto es de las cosas más suaves que dice en la serie), la convierte en una inadaptada social que colecciona llamadas a sus padres de los directores de los institutos en los que ha estado. Entra en el instituto de Lawndale convencida de que, otra vez más, no va a hacer ni un solo amigo en este nuevo instituto, de que no va a haber nadie más interesante que los palitos de pescado, pero el milagro sucede, y encuentra alguien que tiene una visión de la vida y un sentido del humor similar al suyo: Jane Lane, artista polifacética, segura de sí misma, y con las mismas visiones de la vida y de la gente del instituto que Daria. Rápidamente conectan, se hacen amigas... y lo que sigue son cinco temporadas, de unos 13 capítulos cada una, más dos pelis de una horita cada una, en las que, sobre todo Daria, pero también Jane y Quinn, crecen, se pelean, se reconcilian, descubren el amor, la traición, y llegan a la conclusión de que el instituto es una mierda, que la universidad no será mucho mejor, y que la mayoría de las veces las cosas no son como uno se las espera, ni la gente es como parece a primera vista.

Hay muchos factores que hacen que Daria sea, además de una serie divertidísima y meante, tan interesante y profunda. El primero es, obviamente, los personajes, que, sobre todo los principales, son memorables, y lo que es aún más raro en una serie de este tipo: totalmente creibles. Es raro que no nos hayamos cruzado con alguien como la perfecta e hipertrabajadora Jodie, la histérica y en el fondo muy tierna Stacy, o incluso con una Daria o una Jane; o hallamos tenido profesores tan raros como DiMartino o O'Neill: todos, y muy especialmente los personajes principales, son gente que nos podríamos haber encontrado en nuestro instituto. Pero, y hablando ahora de los personajes principales, si parecen tan sumamente creibles, es por lo extraordinariamente bien que están llevados: cambian con los acontecimientos, crecen, maduran, cometen errores: en definitiva, parecen humanos. Esto, que dicho así parece algo obvio, es tan, TAN raro en una serie que se supone que es para adolescentes que es digno de celebración, y más cuando esos cambios están tan bien llevados como en esta serie.

El segundo factor, más obviamente aún, son los prodigiosos guiones que tiene. En toda la serie hay muy pocos capítulos que puedan ser considerados ni siquiera malos, sino siquiera poco interesantes (recuerdo tres o cuatro nada más), siendo el resto, como poco, meantes, siempre con el ácido y sarcástico sentido del humor de Daria y Jane como eje central, pero con ejes secundarios igualmente memorables: los padres de Daria (especialmente su padre, siempre al borde de explotar), las andanzas del Fashion Club (el grupo de amigas de Quinn, las chicas guapas y estilosas del instituto), la delirante relación entre Britney (la cheerleader rubia y tonta) y Kevin (el quarterback aún más tonto), el grupo de profesores, con el imprevisible y siempre irascible DiMartino y su ojo a punto de explotar, el siempre dialogante y cursi hasta la indigestión O'Neill, o la directora Li, siempre obsesionada por ganas más dinero; Upchuck y sus intentos constantes de ligar con todo lo que se mueva y tenga sexo femenino en el instituto, el hermano de Jane, Trent, prototipo del slacker estilo años 90, y su grupo, los infames Mystik Spiral; o los delirantes titulares del programa “Sick, Sad World” (¿por qué no se emitirá algo así en la tele española?) Todos nos brindan capítulo tras capítulo de risas sin fin, y además, y esta es la gran diferencia con otras series de este estilo, reflexiones y verdades como puños sobre la vida, la adolescencia y lo extraño que es crecer.

Siendo todos los capítulos muy buenos, es en los finales de temporada donde los guionistas echan el resto ofreciendo los que son siempre los mejores capítulos de sus respectivas temporadas, siendo algunos verdaderas obras de arte (especialmente el último de la quinta temporada, puede que el mejor capítulo de toda la serie), normalmente menos humorísticos, pero más esclarecedores sobre el pasado y las dudas de los personajes, y muchas veces de capital importancia en el argumento de la serie. Por ejemplo, y sin spoilear mucho: en el final de la tercera temporada se introduce a Tom Sloan, y con él, el tema del amor, lo cual, aparte de darnos mucha más información sobre las inseguridades de ambas (sobre todo de Daria, un personaje que ha tenido muy pocos amigos en su vida, y aún menos relaciones amorosas) termina desencadenando un verdadero terremoto en la relación de Daria y Jane.

Además de la serie, se hicieron dos pelis: Is It Fall Yet? y Is It College Yet?. La primera se sitúa temporalmente entre la cuarta y la quinta temporada, y es la mejor de ambas: de hecho, es de lo mejor que ha ofrecido la serie. En ella se cierra la pelea de Daria y Jane a propósito de Tom, se nos da una visión menos frívola de Quinn, y nos ofrece algunos de los mejores momentos de la serie, como la preciosa y a la vez infame canción de Mystik Spiral que apuntala la reconciliación de Daria y Jane, la tiernísima escena en la que Quinn le confiesa a Daria que su profesor de verano, el primer chico que realmente le gusta, le ha rechazado, con Daria consolándola; Alison intentando ligar con Jane en el campamento de arte, el jefe de dicho campamento doblado por Dave Grohl... La segunda peli se sitúa al final de la quinta temporada, con todos buscando universidad y esas cosas, y sin llegar al nivel de la primera, ofrece buenos momentos, como la ruptura del Fashion Club, Upchuck consiguiendo ligar por fin, el discurso de Daria al recibir el premio por méritos académicos, la relación entre Quinn y la amiga que hace en el bar donde trabaja... Como he dicho, es buena, pero no es ni de lejos de lo mejor de la serie, y palidece ante la primera, al menos para mi personal y extraño gusto.

Daria ofrece lo que muy pocas series animadas, y aún menos series para adolescentes, tienen: personajes memorables, totalmente creibles y humanos; una visión ácida y cáustica, casi subversiva, del mundo; horas y horas de reir hasta no poder más, y además un tierno y a la vez realista recorrido por la adolescencia y los millones de cambios que acarrea esa turbulenta y extraña época. Y por si fuera poco, tiene una banda sonora antológica, verdadero resumen sonoro de los 90, y que ofrezco en estas listas para abrir en el Spotify (canciones cogidas de las listas colgadas en Outpost Daria: creo que no me he dejado ninguna canción de las que están en Spotify, pero si falta alguna que pueda ser incluída, avisad en los comentarios, porfaplis). Es que hasta los créditos de cierre de cada capítulo son una joya. Es casi tan increíble que esta serie fuera emitida por la MTV (uno de los principales mensajes de la serie es que hay que aprender a pensar por uno mismo: justo lo contrario delo que le conviene a la cadena) como que no esté en DVD todavía, aunque parece que esto puede cambiar y en 2010 tengamos una edición de esta serie en DVD, Mientras, tenéis torrents que la recopilan entera, aunque a veces la calidad de algunos episodios deje bastante que desear, y no haya subtítulos en español más allá de la primera temporada (ni en inglés más allá de la tercera). Aún así, si tenéis un inglés medianamente fluído, no os la podéis perder: es seguramente de las cinco mejores series de animación que se hayan hecho en los 90, lo cual dada la cantidad de series buenas de animación que se hicieron la década pasada, es decir mucho. Y si no os gusta, al menos seguro que encontraréis más de 20 frases memorables para citar en todos los foros que visitéis.

Mi nota: 9'5

Las listas para el Spotify:

Temporada 1

Temporada 2

Temporada 3

Temporada 4

Temporada 5

Is It Fall Yet?

Is It College Yet?

Música, Videojuegos, Review

Miércoles, 11 de Marzo de 2009

1:01 pm

Hora de seguir con mi proyecto de reviews largas como el Tour de Francia. Amos allá.

Final Fantasy IX OST

Compositor: Nobuo Uematsu
Año: 2000

Squaresoft se tomó el último juego de la saga en Playstation como un homenaje a los juegos más clásicos de la saga, olvidando ambientaciones futuristas y diseños de personajes realistas, y volviendo a los temas más clásicos y fantásticos de este tipo de juegos: magos negros, princesas rebeldes, ladrones desvergonzados y de buen corazón, caballeros protectores un poco tontos, reinas hambrientas de poder, historia de amor, dragones, barcos voladores, ranas que se convierten en reyes con un beso de la reina... Todo con bastante sentido del humor, unos gráficos PRECIOSOS, y un minijuego de cartas que, aunque divertido, no llegaba a la gloria del juego del Final Fantasy VIII ni por asomo. El resultado global es el capítulo que me resulta más completo de la saga en PSX: la historia es buena, sus giros y vaivenes no me resultan demasiado forzados ni absurdos, sus diálogos me son menos irritantes que en el pasado, su aspecto gráfico es obviamente el mejor de esta etapa en Playstation en cuestiones técnicas, artísticamente es precioso, jugablemente es divertido, el poder poner a cuatro personajes al mismo tiempo en un combate mola, las invocaciones no son tan pesadas (es decir, no tienen animaciones tan largas) ni determinantes como en el pasado, siendo la personalización de tus personajes y sus habilidades (vuelve el sistema de trabajos: cada personaje tiene una función muy determinada en tu grupo) lo más importante; y el jefe secreto, Ozma, siempre me ha dado sopas con ondas cuando me he enfrentado a él, no importa cuánto nivel llevara. Ah, y los minijuegos, cartas aparte, molaban: el juego de desenterrar cosas con los chocobos era un poco pesado, pero enganchaba, y lo de desenterrar chocografías por el mundo aún más; y el de las cartas de los moguris era delirante: todo un culebrón furry protagonizado por gatitos con borla.

Sobre la banda sonora, lo primero que resalta es su duración: ¡¡100 TEMAS!! Y eso sin sumar los más de veinte que hay en el disco “Final Fantasy IX OST+”. Es probable que tal esfuerzo compositivo tenga algo que ver con su brusco declive después de esta mastodóntica banda sonora, y es que 120 temas, y encima sin reutilizar demasiadas melodías, es algo que deja exhausto a casi cualquiera. Al ser uno de los juegos con ambientación más clásica de la saga no cabría esperar muchos más estilos que la clásica, si acaso algo de música celta, algo de ambient y poco más. Y si bien es cierto que no es que sea la banda sonora con mayor variedad de estilos, Nobuo es capaz de colocar algunas salidas de tono, siendo las más notables el pop petardo y superpegadizo de “Black Mage's Village”, la conjunción de tambores tribales marchosos y sinte petardo y pegajoso de Quina's Theme, el sinte burbujeante y con eco del tema del mapamundi, “Crossing Those Hills”, los beats semi industriales de “Inmoral Rhythm”, las dos preciosas versiones del tema de los chocobos, ambas en clave tropical (Aloha de Chocobo y Ukelele de Chocobo); o la extraña e intimidante Iifa Tree, una de mis favoritas de la banda sonora.

Como el juego al que pertenece, esta banda sonora recupera alguna que otra tradición, siendo la más notable (aunque sólo se perdió en el juego anterior) la de los temas de personajes. De ellos, mi favorito es seguramente Freija's Theme, de aires barrocos, tan melancólico y serio como su personaje y como su reino, y de lo mejor de la banda sonora; su melodía será reutilizada, por cierto, en el tema que describe su tierra natal, el precioso, envolvente y solemne “Kingdom Of Burmecia”. Luego vendría Vivi's Theme, el tema que escuchamos cuando comenzamos el juego con el pequeño e inocente mago negro en la gran urbe de Alexandria, una preciosidad confeccionada a base de pizzicatos saltarines; la ya mencionada Quina's Theme, y el melancólico solo de piano de Kuja's Theme. Del resto, podemos destacar la alegría de Zidane's Theme (si, el prota se llama como el famoso jugador de futbol, aunque en la versión española se sustituyó por Yitan), la reutilización de la bonita melodía de “Melodies Of Life” en Garnet's Theme, o el precioso y triste Rose Of May, que nos describe a la gran Beatrix.

Sobre los temas de batalla, el principal se sigue pareciendo DEMASIADO al resto de temas de batallas que llevamos escuchando durante los juegos anteriores, pero el inteligente uso de los violines consigue darle un poco más de personalidad. El que realmente brilla es el tema de batalla contra los jefes, “Battle 2”, con su insistente e impagable piano como base principal, y que es de los mejores de este tipo que Nobuo ha hecho, y eso que hablamos de una de sus especialidades. Brilla también el climático y mucho menos rítmico (casi parece una marcha fúnebre) “Sword Of Doubt”, que escuchamos en la batalla del final del primer CD contra la gran Beatrix. El tema de batalla final cumple, pero no es de la entidad del tema de batalla contra jefes normales, y por supuesto no tiene la calidad de los míticos One-Winged Angel o Dancing Mad.

En los temas de ciudades y escenarios, aparte del gran experimento de la banda sonora, que es “Black Mage's Village”, tenemos de todo, como es de suponer. Lo primero que notamos es que se recuperan un buen número de melodías del pasado: el preludio, ese que llevamos escuchando toda la saga, pero tocado en escala menor (Crystal World), la del volcán Gulug del Final Fantasy V (Gulug Mountain), la marcha que se oía en la base militar de Junon en el FFVII (Prima Vista Band), los dos arreglos del tema de los chocobos ya mencionados, el tema de los moguris (Moguri's Theme), homenajes que se unen a la larga lista de referencias a Final Fantasy's pasados que hay en el juego, y que ponen el corazón tierno a todo veterano que los haya jugado. Por el resto, tenemos tambores tribales (Conde Petie), flautas angelicales (Cleyra Settlement, preciosa) órganos que suenan a música lounge (Est Gaza, de lo mejor de la banda sonora), violines y arpas que traen ecos de Satie (“Bran Bal, The Soulless Village”, mi preferida de la banda sonora, enigmática, pacífica, preciosa, y para mí de las cinco mejores cosas que ha hecho y hará Nobuo en su vida), pianos que suena a los años 20 (Treno), órganos siniestros (Pandemonium), clavicordios y violines tristes (Unfathomed Reminescence, el que suena después de que Alexandria sea arrasada)... Se puede notar que Nobuo recicla progresiones melódicas de vez en cuando, pero por el momento no es nada grave, sería mucho peor y más descarado en la siguiente banda sonora. Hablando del tema, casi no se reutilizan melodías en esta banda sonora, pero si hay alguna que se repite, siendo la más importante la de “The Place I'll Return Someday, que abre el disco de una manera ensoñadora, con esas flautas que suenan tan celtas recorriendo una melodía 100% Uematsu: sencilla, precisa y preciosa. Se oye en cada escenario que tiene que ver con Terra, como “Oelivert”, “Ibsen's Heritage Palace”, y por supuesto en “Terra”, la primera melodía que oímos cuando llegamos al muy azul y psicodélico planeta.

Y luego, como no, está la balada: Melodies Of Life, que sigue siendo la canción cantada de Nobuo que mejor soporto: su melodía y arreglos son aceptables, incluso monos (no como los de Eyes On Me, para mi gusto), y la voz que la canta, Emiko Shikatori, es agradable (no como la de Rikki en Suteki Da en, que me resulta tremendamente irritante) La versión que aparece en el juego es mona, pero hay dos versiones muy bonitas y superiores al original que podrían haberla sustituído: una es la última canción de esta banda sonora, con un arpa y unas pocas voces más de apoyo (Melodies Of Life-The Layers Of Harmony), y otra, con beats relajantes está al final del disco Final Fantasy IX Plus (Melodies Of Life-Silent Mix).

Resumiendo un poco esta review tan caótica, esta banda sonora me parece la mejor banda sonora que ha hecho Nobuo Uematsu después del Final Fantasy VI: en la del X hay dos compositores más, y ambos brillan mucho, muchísimo más que Nobuo; la del XII es del gran Sakimoto, la del Blue Dragon me pareció tremendamente decepcionante, y en la del Lost Oddisey recupera un poco el tono, pero no lo suficiente para mi gusto. Me resulta más consistente que las dos anteriores, y sus mejores momentos pueden mirar de tú a tú a las mejores obras del japonés (Bran Bal sobre todo, y en menor medida, Inmoral Melody, The Place I'll Return Someday, Freija's Theme, Kingdom Of Burmecia, Cleyra Settlement, Kuja's Theme, You're Not Alone, Vivi's Theme...). Además, su balada cantada es soportable, y tiene dos remixes fantásticos. Visto lo visto, no es poca cosa.

Mis favoritos:

 

  • CD 1: Vivi's Theme, Battle 2, Crossing Those Hills
  • CD 2: Cid's Theme, Hunter's Theme, Quina's Theme, Freija's Theme, Burmecian Kingdom, Inmoral Rhythm, Aloha de Chocobo, Kuja's Theme, Cleyra's Settlement
  • CD 3: Black Mage's Village, Unfathomed Reminiscence, Iifa Tree, Moguri's Theme
  • CD 4: Terra, Bran Bal The Soulless Village, Melodies Of Life (The Layers Of Harmony)

 

Mi nota: 7.5

 

Música, Review, Resúmen

Miércoles, 31 de Diciembre de 2008

9:52 pm


Pues eso, la última parte del megapost de resúmen. Amos allá.

 

10. Boris: Smile

 

Mi descubrimiento guitarrero del año pasado, los japoneses han sacado por fin una continuación de aquel ruidoso, caótico y tremendo Pink, el cual ha venido en dos versiones: la más normalita versión americana (la que ha sido publicada en España), y la japonesa, totalmente loca, experimental y extrema (sólo hay que escuchar Shoot!: pura esquizofrenia sonora), y con una portada mucho más chula. De las dos me quedo con la japonesa, porque la versión de Message (en la versión americana, Statement, primer single del disco) es deliciosa, con sus siete minutos machacones que hacen que se te muevan los pies; porque Dead Destination (Karehatetasaki - No Ones Grieve en la versión americana) es aún más ruidosa y concreta que su versión americana, y porque la esquizofrenia le sienta muy bien a Shoot! (Laser Beam en la versión americana). Pero son detalles más estéticos que otra cosa, las canciones siguien ahí en las dos versiones, y son tremendas, una muestra más de que, a pesar de haberse autocopiado un poquito en este disco, Boris siguen molando más que el 95% de grupos de rock de la actualidad.

 

9. Nine Inch Nails: The Slip

 

Trent Reznor está que lo tira desde que su contrato con Interscope terminó: primero fue su cuádruple disco instrumental, Ghosts, del cual regaló su primer CD en Internet, y en julio fue su nuevo disco, este The Slip, el que nos ofreció gratis en Internet (al cabo del tiempo salió también en edición física). Y qué disco nos ha regalado el tito Trent: tras el abrasivo y conceptual (y obra maestra para mi gusto) Year Zero, este es un disco sencillo, que no suena tan producido, directo, preciso, y que comienza de manera arrolladora: 1000000, Letting You (su canción más cazurra en años), Discipline (que suena a Only, pero mola demasiado) y Echoplex, cuatro trallazos que te dejan pegado al auricular. El nivel baja con Lights In The Sky, una balada floja, y eso que suele ser una de sus especialidades, pero vuelve a remontar con dos instrumentales, la envolvente Corona Radiata y la más industrial The Fpur Of Us Are Dying, para terminar en todo lo alto con otro trallazo, Demon Seed. The Slip es el disco que necesitaba Trent tras Year Zero: sencillo, directo y preciso, lleno de temas que se pegan y no te sueltan. Y encima, es otro puñetazo encima de la mesa de las discográficas, incapaces de adaptarse a los tiempos tecnológicos en los que vivimos.

 

8. M-Clan: Memorias de un Espantapájaros

 

Nunca me habían gustado M-Clan. Demasiado blanditos y repetitivos para mi gusto, a pesar de tener alguna canción memorable (sobre todo su preciosa versión de Serenade de la Steve Miller Band) y un cantante de voz privilegiada para el rock, Carlos Tarque. Pero tras cerca de 14 años de carrera, llega la madurez, y los murcianos entregan un disco tan bueno que no te crees que sea suyo, sino de un Springsteen o de una Lucinda Williams muy rockera. Lleno de letras certeras (la de Inmigrante es impagable), es un disco de rock de los que no se ven habitualmente por España: pegajoso, pegado casi siempre al country, con destellos de folk (Balada del Desarraigado) con algún homenaje a los mitos delo rock de los 70 (El Viaje), y temas inmensos (Roto Por Dentro podría haberla firmado la mejor Lucinda Williams). Mi sorpresa con mayúsculas del año, sin duda alguna.

 

7. Ladytron: Velocifero

 

Si, en el fondo es más de lo mismo, y en este caso, más acusado, ya que Velocifero es un pequeño refinamiento de lo visto en Witching Hour, parecido a Light And Magic con respecto a 604. Pero un disco que comienza con Black Cat y continua con la tremenda Ghosts (homenaje directo a Depeche Mode) no puede ser malo. Y aunque su fórmula permanezca inalterada en la mayoría del minutaje (I'm Not Scared, Runaway y Burning Up son reescrituras directas de Destroy Everything You Touch), hay dos experimentos tremendos: la explosiva y sincopada Predict The Day, y la preciosa Versus, donde oimos guitarras acústicas (¡Instrumentos analógicos! ¡Horror!) y a Daniel Hunt cantar al lado de Helen Marnie, y no hacerlo mal, por cierto. Y aunque el resto sea más de lo mismo, el poder de temas como Deep Blue (mi favorita del disco) o las ya mencionadas Burning Up o I'm Not Scared es demasiado como para ser ignorado. Ya van cuatro discos, y estos ingleses siguen sin fallarme. Gracias.

 

6. R.E.M.: Accelerate

 

R.E.M. llevaban unos años sin ofrecernos nada de verdadera altura. Reveal era bonito, pero poco brillante para lo que nos tenían acostumbrado, y Around The Sun era malo. Si, R.E.M. habían hecho un disco malo. Horror, pánico y miedo recorrieron a los fans del grupo de Athens: ¿tal vez se les habían acabado las ideas al trío mágico? Michael Stipe y los suyos debieron de darse cuenta de ello, y decidieron volver al principio de todo: rock y pop sin adulterar, casi garajero, canciones cortas y precisas (creo que es la cuarta vez que uso este adjetivo en el artículo, y las que quedan...), sólo lo mejor y más concreto que se pueda hacer, sin aditivos. Y Accelerate, el resultado de tanta concrección, es un triunfo a todos los niveles. Recupera las mejores melodías del grupo (Supernatural Superserious, Mr. Richards, Houston), añade rock sucio y furioso (Living Well Is The Best Revenge, Horse To Water, I'm Gonna DJ) y algunas de las mejores canciones que hemos oído del grupo en casi 12 años, especialmente Accelerate, un temón con guitarras cortantes y fondo disonante que recuerda a Sonic Youth. Muchos nos temimos lo peor con Around The Sun, pero afortunadamente Accelerate demuestra que a R.E.M. todavía les queda cuerda para rato.

 

5. Amaral: Gato Negro/ Dragón Rojo

 

Pájaros en la Cabeza era un buen disco, con algunos temas tremendos (Enamorada, Tarde Para Cambiar, El Universo Sobre Mí) pero muy irregular, lejos de la gloria que el duo zaragozano nos había regalado con Estrella e Mar y sobre todo con Una Pequeña Parte del Mundo (para mí, su mejor disco). Cuando supimos que su siguiente disco iba a ser doble, a muchos nos entró miedo: un disco doble suele ser sinónimo de muchos experimentos fallidos e irregularidad total. Pues bien, Eva y Juan obran el milagro, y logran que en un doble disco de 19 temas no haya no más de dos o tres temas desechables. Con otro memorable primer single (Kamikaze), se muestran más conservadores en el primer CD y más experimentales en el segundo, aunque, como hemos dicho antes, casi nada sobra, y la cantidad de temas memorables es abrumadora: Biarritz, uno de los temas más bonitos que han hecho en años; El Artista del Alambre, su letra más devastadora desde Siento Que Te Extraño; Perdóname, el reggae de Alerta, el rock pegadizo de Las Puertas del Infierno y Es Solo Una Canción, el pop a lo Radiohead de Deprisa... Había miedo al doble disco, y más después de lo irregular de su último disco, pero Eva y Juan demuestran que siguen siendo de lo mejor que tenemos en el pop español.

 

4. Beck: Modern Guilt

 

¿Es otra vez una posición tan alta de un disco de Beck un signo inequívoco de mi fanboyismo talibán? Es posible, pero si ha habido un disco en años del genio californiano que se merezca estar tan alto, es este. En un año de vuelta a lo básico, de discos cortos, ninguno ha sido tan corto como este, ni tan certero. Ayudado por el gran Danger Mouse, Beck engarza la lista de temas de más calidad y mayor riesgo sonoro que ha producido en años. El tramo inicial del disco es especialmente abrumador: cuatro temas del calibre de Orphans, Gamma Ray (mi single bailongo del año), Chemtrails (una vuelta a los sonidos de Mutations preciosa) y la pulsante Modern Guilt conforman el mejor comienzo de disco del californiano desde no se sabe cuándo. Luego, aunque no sea tan brillante, hay mucho más, y muy bueno: blues (Soul Of A Man), rock sesentero (Profanity Prayers) y hasta programaciones drum n' Bass (Replica). Modern Guilt es uno de los viajes más cortos que nos ha propuesto Beck, pero de los más intensos también, y el primer disco que hace en años que puede mirar de tú a tú a los discos míticos del angelino.

 

3. Eli “Paperboy” Reed & The True Ones: Roll With You

 

Seguro que hay una regla (parecida a la que propuse hace dos años para el Ys de Joanna Newsom) por al cual si eres blanco, de ojos azules y de Boston no puedes hacer soul. Bien, Eli Reed la ha tirado por la borda, porque ha hecho el disco de soul más clásico y caliente hecho después de los 70. Tiene una banda detrás impagable (The True Ones) que le da la energia necesaria a cada tema, pero lo que destaca sin duda es su voz. Desgañitándose cual Sam Cooke en cada tema, cantando con las entrañas, es la mejor nueva voz masculina de soul que he oído en mucho, mucho tiempo: no tiene un registro apabullante (de hecho, cuando se va a los agudos parece que su voz está al límite), pero canta con un sentimiento y descaro increibles, arrastrando como sólo los muy veteranos saben (bueno, y la gran Amy Winehouse), gritando como, cuándo y de la manera que se debe… Y es que encima, los temas de este disco, a pesar de parecerse a veces demasiado a ciertos temas del soul clásico, son tremendos (The Satisfier, I'm Gonna Getcha Back, It's Easier, Doin' The Boom Boom...) En resúmen, Eli “Paperboy” Reed es uno de esos fenómenos que salen cada mucho tiempo, y que te dejan patidifuso primero, y entusiasmado y rendido a él después. Un último consejo: si pasa por vuestra ciudad, ni se os ocurra perderos un concierto suyo: es como todo lo que he dicho del disco, pero elevado al cubo, un viaje en el tiempo 50 años atrás, cuando el soul era algo mucho más auténtico, emocionante y excitante de lo que suele ser ahora.

 

2. TV On The Radio: Dear Science,

 

Sí, la coma pertenece también al título del mejor disco del posiblemente mejor grupo del rock alternativo americano. Si ya el anterior disco significó una gran cohesión de todas sus influencias, “Dear Science, ” es el refinamiento final, sonando como antaño, con cierto aroma general a David Bowie, con sus guitarras ruidosas y disonantes de fondo marca David Sitek (de los mejores productores de rock de la actualidad), pero añadiendo un poco más funk y hip-hop a su explosiva mezcla. Y sobre todo, eliminando relleno: 11 temas grandiosos, algunos bailongos (Dancing Choose y Golden Age, los dos mejores singles del año sin discusión), otros más reflexivos (Family Tree, Stark & Owl y Lover’s Day, preciosos), con pinceladas de afro-beat incluso (Red Dress) o de pop sesentero (los coros de Halfway Home). Lo más chocante para mí es que las 11 canciones me mueven y me emocionan hasta extremos que pocos discos han hecho en mi vida, sin un solo momento de aburrimiento, ni siquiera de ligero valle, conformando el que, si no fuera tan fanboy, sería el primer disco de la lista. Ya van tres discos impresionantes, así que creo que ya es hora de dejar de considerarlos una promesa interesante y darles el puesto que se merecen, al lado de lo más grande que nos ha dado la música en los últimos 20 años. Sí, son tan buenos.

 

1. Portishead: Third

 

Pero como decía antes, soy un asqueroso e injusto fanboy, y este año, por fin, Portishead han vuelto. Han sido 11 años esperando este disco, pensando al principio que bueno, ese año sí que iba a ser el definitivo, conociendo el nombre de este disco como “Angel”, esperando, esperando... y al final, desistiendo, disfrutando con el disco en solitario de Beth Gibbons (con Paul Webb, Out Of Season, un disco precioso, por cierto), y perdiendo la esperanza, para recuperarla al oir algunos instrumentales colgados en el Myspace del grupo, para volver a perderla, harto ya de tantos vaivenes... hasta que llega el 2008, y el milagro se produce: vuelven al estudio y graban un nuevo disco.  El miedo que sentía era indescriptible, vistos los regresos de muchos grupos (The Smashing Pumpkins y su tremendamente decepcionante Zeitgeist, o The Verve y su flojo Forth, sin ir más lejos). Y llega el primer single: Machine Gun. Recuerdo cómo me quedé con los ojos como platos cuando escuché aquellas percusiones metálicas y repetitivas, que no se parecían en nada a todo lo que recordaba y amaba del grupo. Pero me estaba gustando. Y mucho. Cuando empezó la voz de Beth, ya me habían cogido del corazón otra vez, como si no hubieran pasado 11 años. Cuando terminó, el miedo se había disipado: Portishead habían conseguido eso que busca todo grupo que se reune después de una separación, hacer algo que sea sustancialmente distinto a lo ofrecido en el pasado, pero que conserve la esencia del grupo. Y esa es la mejor descripción que se puede hacer de su tercer disco: no suena para nada a los Portishead clásicos, y a la vez es un disco 100% Portishead. Sonoramente, el grupo se olvida del trip-hop y casi del todo del soul, sube al doble el contador de BPMs, y se va al rock con algo de psicodelia, (el final de Small, por ejemplo), algún toque folk (el principio de The Rip y Deep Water, sobre todo) y arrebatos electrónicos (la mencionada Machine Gun), siendo más experimentales y arriesgados que nunca, incluso más que en su segundo disco; pero manteniendo la sensación de opresión y de claustrofobia que siempre ha tenido su música, y su acabado conscientemente lo-fi, poco refinado. Y para redondearlo todo, está Beth, que ya no tiene la voz de antaño, pero sigue interpretando de manera exquisita. Es un disco oscuro, experimental, a veces difícil de escuchar de lo opresivo que resulta, que aunque nunca parece sonar a Portishead (sólo el tema final, Threads, recuerda mínimanente a sus dos primeros discos, y en ellos ya pasaría por un tema raro), tiene ese aura, ese aroma que te dice al momento que estás ante ese grupo de Bristol que tan importante ha sido en la música electrónica de los 90, aparte de contener, pequeño detalle sin importancia, 11 temas inmensos, plenos, tristes, brutales. Sí, soy un asqueroso e injusto fanboy, pero soy sincero, y el disco que más he disfrutado este año es este, sin duda alguna: el disco al que tenía más miedo de los discos de grupos reunidos estos últimos años, y el mejor de ellos de larguísimo. 11 años de espera, pero Dios si ha merecido la pena.

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Bien, se acabó el megaresúmen. Como digo todos los años, a pasarlo bien, no os atragantéis con las uvas, y ojalá que en el 2009 nuestros problemas duren tanto como nuestros propósitos de Año Nuevo. ¡Feliz año!

Música, Review, Resúmen

Miércoles, 31 de Diciembre de 2008

3:29 pm

Pos eso.

-Jenny Lewis: Acid Tongue
-Metallica: Death Magnetic
-Sheryl Crow: Detours
-Jem: Down To Earth
-Ed Banger Records Vol. 3
-The Watson Twins: Fire Songs
-Russian Red: I Love Your Glasses
-Yui: I Loved Yesterday
-Cut Copy: In Ghost Colours
-Ladyhawke: Ladyhawke
-Lucinda Williams: Little Honey
-Hot Chip: Made In The Dark
-Kate Nash: Made Of Bricks
-Gnarls Barkley: The Odd Couple
-Kaiser Chiefs: Off With Their Heads
-Duffy: Rockferry
-Autechre: Quaristice
-Aimee Mann: F%/& Smilers (más o menos)
-Solange: Sol-Angel & The Hardley St. Dreams
-Lil Wayne: Tha Carter III
-Destroyer: Trouble In Dreams
-Coldplay: Viva La Vida
-Lil’ Mama: VYP-Voice Of The Young People
-Shiina Ringo: Watashi No Houden (recopilatorio de caras B)

Música, Review, Resúmen

Miércoles, 31 de Diciembre de 2008

12:50 am

Ya es ese momento del año, niños y niñas. El momento de hacer balance, de rememorar lo más importante sucedido en este año antes de darle carpetazo. Y como todos los años, toca mi resúmen musical del año, que como siempre irá acompañado de múltiples e inaguantables parrafadas de esas que sé que tanto adoráis. Empezamos por los singles. Como siempre: no son mis 10 singles favoritos del año, sino 10 singles que me han gustado, y que no pertenecen a ninguno de mis 10 discos preferidos del año. Empezamos:

Solange: Sandcastle Disco

Solange Knowles 

 

Este año han sacado disco las dos hermanas Knowles: Beyonce y Solange. Y mientras Beyonce ha sacado un album más bien malete, falto de la chispa y el pellizco que tenía B’Day, Solange, la más pequeña, la que siempre ha pasado desapercibida, la ha adelantado por la izquierda, entregando un disco un poco esquizoide, pero tremendamente interesante, tanto en su parte electrónica (Cosmic Journey, con su coda trance impagable; el sample de Boards Of Canada en la preciosa This Bird) como en la más R&Bera, donde destacan I Decided, el homenaje a Marvin Gaye de “Ode To Marvin” y esta maravilla, que demuestra que muchas veces lo que separa a un muy buen tema de pop de un pelotazo son los pequeños detalles: en el caso de Umbrella, fue ese “ella, ella, eh, eh, eh…”, y en este caso, es el “ba-b-b-b-baby, don’t blow me your way” del estribillo. Beyonce, acelera, que tu hermana te acaba de adelantar.

 

Hot Chip: Ready For The Floor

Hot Chip 

 

Me gusta más Shake A Fist, con su comienzo a lo Timbaland, pero fue publicado en el 2007, así que no cuenta. El primer disco bailongo del año fue seguramente este, y este su mejor pelotazo publicado este año. La rumorología dice que este tema fue ofrecido a Kylie, pero que lo rechazó, cosa que al final ha resultado ser falsa, pero dado el tema del que hablamos, totalmente comprensible: discofashion, petardo, bailongo, con un estribillo impagable y un comienzo que te deja el oído pegado a la canción y los pies listos para empezar a bailar.

 

Coldplay: Viva La Vida

Coldplay 

 

La verdad es que este tema me resulta DEMASIADO parecido al “If I Could Fly” de Joe Satriani, pero bueno, lo podemos considerar un remix de Brian Eno de dicha canción y punto, porque lo que eleva a esta tema por encima del montón es su arreglo. Contenido, manteniendo la tensión en todo momento, llevándote hacia delante constantemente, con percusiones discretas pero constantes, sus violines insistentes, machacones y energéticos… son todos esos factores, y no la melodía en sí, que me gusta, pero la veo un poco simple, lo que logra que este tema pase de ser bueno a la joya que es, y otra marca más en la lista de singles llenaestadios del grupo que capitanea ese tipo al que odio tanto porque estará más cerca de Gwyneth Palthrow de lo que yo lo estaré jamás.

 

Duffy: Mercy

 Duffy

 

Conozco a bastante gente que no le gusta la voz de esta galesa por demasiado aguda, referiéndose a ella normalmente como “rata”. Pero ni siquiera ellos han sido capaces de resistirse a Mercy. Gran parte de culpa la tiene su producción, elegante, sesentera (ese órgano parece sacado de una canción de The Doors), muy white soul, pero que también suena contemporánea. La otra parte de culpa del éxito de este single, como en todo buen tema que roza el pop, aparte de un estribillo matador, está en los pequeños detalles: esa guitarra de fondo, esos coros insistentes y matadores, el break antes del último estribillo con el speech de fondo acompañando a los gorgoritos de rigor. Ah, y el disco al que pertenecía, Rockferry, dejaba claro que Duffy, además de ser un buen talento que seguramente nos dé muchas alegrías en el futuro, se parece a Amy Winehouse (de lo mejor que le ha pasado al soul en 30 años por lo menos) como Enya a James Hetfield.

 

Ladyhawke: Paris Is Burning

Ladyhawke 

 

Pip Brown es de Nueva Zelanda, y mi teoría es que es una chica de los años 80, que grabó su disco,  cogió un Delorean, se ha plantado 30 años en el futuro y lo ha publicado ahora. Es la teoría más plausible que se me ocurre tras escuchar su debut como Ladyhawke, un disco que suena tan, tan 80 que a veces es ridículo, pero que es una ristra de pepinos de singles y de homenajes a grupos míticos de aquella petarda década, como Depeche Mode, Human League, Cindy Lauper o Spandau Ballet, de los cuales el que más me gusta es este, el más discotequero de todos, y con un comienzo pegajoso como un chicle ochentero.

 

Lil’ Wayne: A Milli

 Lil' Wayne

 

Si el beat del año pasado fue seguramente el de Lip Gloss, el de este año es incluso más minimalista, y el doble de hipnótico: percusiones mínimas, un bajo profundo y atonal y, sobre todo, ese “a milli” que se repite como un mantra y que termina de redondear lo que ha sido el beat polarizante del año (o se adora o se odia, no hay término medio), además del más usado del año para freestyles de todo tipo de gente, desde Chris Brown hasta Lil Mama. Pero el primero que rapeo sobre tal gloria es seguramente el rapero que mejor aparenta estar haciendo freestyles todo el tiempo: el gran Lil Wayne, autor de uno de los discos de rap más variados y mejor considerados por la crítica no sólo de este año, sino de los últimos años: Tha Carter III. A mí el disco me gusta, aunque no tanto como a ellos (no me parece mejor que, por ejemplo, el de Clipse del año pasado), pero este tema me resulta pura, sinuosa e hipnótica gloria.

 

Jenny Lewis: Acid Tongue

 Jenny Lewis

 

Jenny Lewis se soltó un poco la melena en su segundo disco en solitario: había rock (See Fernando), suites de tres canciones pegadas inspiradas, según ella, en Barbara Streisand (The Next Messiah), pop guitarrero con Elvis Costello (Carpetbaggers)… y bastante de lo visto en el disco anterior (Black Sand, Sing A Song For Them…) Mi preferida es la más desnuda, en la que Jenny coge su acústica, unos cuántos amigos y hace una maravilla folk con algunas de las frases más lapidarias del año (“Estar sola es un hábito, como fumar o tomar drogas/y me he quitado de ambas cosas, pero de los hombres es más difícil). Y encima, está requetebuena. Sí, también odio a Jonathan Rice. Y mucho. Muchísimo.

 

The Ting Tings: Great DJ

 The Ting Tings

 

Cierto es que su disco, “We Started Nothing”, no es una maravilla, pero los Ting Tings tiene tres de los singles del año: este que destaco, “That’s Not My Name” y “Shut Up And Let Me Go”. Todos en la linea de LCD Soundsystem y demás grupos de su estilo: guitarras bailongas setenteras, algún beat de fondo y mucho cachondeo. Me quedo con este porque me parece el más redondo de los tres, y por el estribillo y ese “and the strings, ehh-ehh-ehh- ehh-ehh- ehh-ehh”. Creo que Umbrella me ha afectado demasiado, ado, ado, eh, eh, eh…

 

Kaiser Chiefs: Never Miss A Beat

 Kaiser Chiefs

 

Este ha sido un año en el que he tenido que revisar una de mis convenciones sagradas: que los Kaiser Chiefs son incapaces de sacar algo que me guste, a pesar de copiar tanto a Blur como lo hacem. Porque, oh milagro, los Kaiser Chiefs han hecho un peassso de disco. Y gran parte de culpa la tenga seguramente el gran, gran, GRAN Mark Ronson, que les arranca al menos cuatro grandes canciones: las tres primeras del disco, entre las que se incluye esta crítica a la gente que es tonta porque quiere, porque no se preocupa por lo que le rodea; y mi preferida del grupo a partir de ahora, el pelotazo “Can’t Say What I Mean”. Lo grandioso es que el resto del disco, aparte de alguna decisión extraña (quien creyera que meter un rapero en medio de “Half The Truth” iba a quedar bien, que se lo haga mirar, por favor) me resulta digno, no sonrojante, algo que echaba mucho en falta en los discos anteriores del grupo. Lo dicho, nunca es tarde si la dicha es buena, y si he de rectificar, pues adelante: me ha gustado un disco de los Kaiser Chiefs. Y mucho.

 

Nena Daconte: Tenía Tanto Que Darte

Nena Daconte 

 

Cierto que el disco luego no es lo que prometía su primer single. Cierto es que aparte de esta, “Mentiras” y “El Aleph” poco más había que rascar (para mi gusto). Muy bien. Pero si ha habido algo que pueda considerar el single español del año, para mi personal y seguramente equivocado gusto, es este. Por la letra, precisa, dolorosa, preciosa, perfecta; por su fondo instrumental, que contrasta tan bien con la letra: casi festivo, con guitarras punzantes, coros infantiles y hasta trompetas; y por un estribillo de los que hacen historia, con un aire casi triunfal. Tuvieron que saltar chispas en esa sesión de grabación, con el dúo grabando esto en plena separación sentimental, mirándose fijamente, con Mai diciéndole estas palabras dolientes a Kim. Pero, como muchas veces en la música, de la tensión surge la magia, y de ahí salió la que es posiblemente la mejor canción del dúo y, para mí, el single español del 2008.

 

EXTRA:

 

Annie: Loco

Annie 

No, no es el single oficial del nuevo disco de Annie, el cual ha sido retrasado hasta 2009; ese es “I Know Ur Girlfriend Hates Me”, pero es el tema petardo que más he escuchado este año, y de largo. Es TAN perfecto: el ritmo trepidante, los sintes ochenteros, los coros perfectos, y ese solo de guitarra tan delicioso en el medio… Annie vuelve, y la he echado mucho, muchísimo de menos. 

 

Música, Videojuegos, Review

Lunes, 24 de Noviembre de 2008

2:46 pm

Final Fantasy VIII OST

Año: 1999

Compositor: Nobuo Uematsu (todas las canciones, que yo sepa)

(OJO: aquí no he podido evitarlos, así que hay SPOILERS A CASCOPORRO, y de los gordos. Avisados quedáis)

Final Fantasy VII fue una auténtica bomba que sacudió todos los mercados de ventas y afianzó a Squaresoft como la reina de los JRPGs (Japanese Role-Playing Games=Juegos de Rol Japonés), así que el reto para la compañía era mayúsculo con este Final Fantasy VIII. Tenían dos opciones: ruptura total con el pasado, o algo exactamente igual. Ante la duda, decidieron ir por el camino de en medio, ofreciendo algo que gráficamente era novedoso (personajes de apariencia real, diciendo así adiós a los muñecos cabezones, ambientación fantástica, pero con un cierto punto familiar, a ratos steampunk), pero que en el fondo era muy parecido a lo ofrecido antes en la saga: batallas por turnos, imposibilidad de esquivar al enemigo, prota taciturno, rubio, un poco pelopincho y poco hablador (Squall), diálogos profundos/ridículos a ratos, historia en la que vuelves a salvar al mundo porque es viernes y no hay nada mejor en la tele... Al final, resultó un muy buen juego, un poco más alegre que los dos anteriores, y, para mi personal y extraño gusto, superior al que le precedía, con una historia que durante el primer CD (puede que el mejor CD que ha tenido un FF en la etapa de la Playstation) era un a ratos apasionante thriller político que parecía que iba a traer nuevos aires al apartado narrativo de la saga, aunque en los siguientes se convirtiera en una historia de brujas y caballeros con la típica y ultracursi historia de amor que nunca puede faltar en un Final Fantasy (bendito Final Fantasy XII), acompañada de un nuevo malo y tres o cuatro giros de guión por-sus-cojones-que-son-muy-grandes. Sí, los anteriores también tenían giros de guión de este tipo, pero no tan bestias ni a veces absurdos como los de este juego. Repasemos algunos que me siguen chirriando: ¿todos han crecido juntos? ¿Cambiamos a Edea, la mala más sexy que recuerdo en mi historia videojueguil, por Artemisa? ¿Rinoa se convierte en bruja? ¿Rinoa será Artemisa en un futuro? ¿Distorsiones temporales? WTF? Aún así, la historia me sigue enganchando a día de hoy, siendo el Final Fantasy que más veces me he pasado de largo, seguramente porque fue el primer FF que probé, y la nostalgia de tiempos pasados y más ociosos es algo muy potente. Además, el minijuego de cartas, el Triple Triad, es la definición más pura de sencillo-pero-adictivo que haya probado en un videojuego.

Todas estas características se reflejan en su banda sonora: un poco más alegre que las anteriores (sobre todo que la del VII), novedosa en las formas, con un gran aprovechamiento del chip de sonido de la Playstation; pero en el fondo, en lo musical, muy parecida a las anteriores. Eso sí, la experimentación es menor, y menos arriesgada que antes, lo cual reduce el impacto en caso de éxito, pero reduce el daño en caso de fallo, lo cual ayuda a una sensación de mayor coherencia general. Pero cuando salen bien, estos temas son de lo mejor de la banda sonora: el blues de “Shuffle & Boogie”, el pop sesentero de “Mods de Chocobo”, la electrónica burbujeante de “Silence And Motion”, o la más machacona de “The Man With The Machine Gun”; el funk de “The Spy” o el saxo repetitivo de la etérea “Distortion Of Time” son buenos ejemplos de ello.

En la zona más clásica y ambiental, que es la que domina claramente en esta banda sonora, se empieza muy fuerte con la gran novedad (en la saga, se entiende) de instrumentos reales en la pieza que acompaña a la secuencia introductoria, la conocida Liberi Fatali, con sus aires de Requiem de Verdi (confirmado por una opinión autorizada en la materia) o Carmina Burana; y en el Ending Theme, de 13 minutos de duración, y que funciona como resumen de los motivos melódicos más importantes de la banda sonora. Luego la cosa vuelve, lógicamente, a las cuerdas y demás instrumentos sintetizados, pero la calidad sonora en este caso está a la altura, e incluso en algunos casos por encima de lo esperado: piezas como The Oath, con su muro de violines melodramáticos, suenan realmente convincentes sonoramente, como los xilófonos de “Fragments Of Memories”, o el piano de “Julia” y “The Successor”, brillando especialmente la emulación de los sonidos de órganos y clavicordios que oímos en “Heresy” y sobre todo en “The Castle”, el barroco y siniestro dúo de clavicordio y órgano que nos acompaña mientras recorremos el laberíntico castillo de Artemisa. En el lado más ambiental, esta fidelidad a los instrumentos reales deja de ser tan importante, pero se sigue agradeciendo, porque si una pieza es buena, y además suena bien, mejor aún: además, mejor sonido equivale a un mayor abanico de sonidos y texturas disponibles. Y, como en la parte clásica, esta zona, una de las grandes especialidades de Nobuo, nos deja algunas de las mejores piezas de la banda sonora, como Balamb Garden, Breezy, Find Your Way, la preciosa y pacífica “Fisherman's Horizon”, los aires tropicales del tema del mapamundi, “Blue Fields”, y tantas otras.

Y luego está el gran experimento, o la cosa más convencional, como se quiera ver: Eyes On Me, la primera balada cantada de la historia de la saga, y por resumir, tu típica balada pop con violines, guitarras, baterías y letra melosa y amorosa, que se ama o se odia, y ambas con pasión. En mi caso, la odio, y con mucha, mucha pasión. Si esta cosa melosa, blanda, cursi hasta el extremo y de arreglos tópicos y más propios de Eurovisión que de un buen disco se debiera a la incapacidad de Nobuo de componer buen pop, sería perdonable, pero es que Suteki Da Ne? y sobre todo Melodies Of Life, ambas del mismo Uematsu, le dan unas cuantas vueltas a esta. Y ya si hablamos de canciones con voz de la saga, está esa joya celta y preciosa que es Kazenone, o la más sosegada y también preciosa Starry Moonlit  Night, obras ambas de Kumi Tanioka, y pertenecientes a la banda sonora del Final Fantasy-Crystal Chronicles: ambas le dan mil vueltas a esta canción. Incluso 1000 Words, de Matsueda y Eguchi (Final Fantasy X-2 OST) me resulta más digna. Ni la bonita voz de Faye Wong me la rescata del descalabro, y de que cada vez que llega en la banda sonora, me dedique a darle al botón de “canción siguiente” como si tuviera un ataque epiléptico. Ah, en el Ending Theme vuelve a salir, para mi “alegría” y “regocijo”.

No obstante, si me olvido de esta canción, esta banda sonora me resulta, como ya dije en uno de los párrafos anteriores, menos brillante a ratos, pero con un nivel general un poco más alto que la anterior. No hay nada tan tierno y bonito como Aerith's Theme, o tan poderoso como One-Winged Angel: ni los tambores tribales de “Maybe I'm A Lion”, ni el comienzo espectral de “The Extreme”, ni la contundencia de “The Landing”, “Premonition” o “Movin” llegan a poner los pelos de punta como aquella pieza, por nombrar algunos de los temas más poderosos y rítmicos de la banda sonora; pero a cambio no hay nada tan sumamente coñazo como Sandy Badlands o The Great Northern Cave, o tan irritante como “Honeybee Manor”, lo cual ya es bastante si tenemos en cuanta que hablamos de un disco de más de 70 temas. Es probable que alcanzara su cumbre con la banda sonora del FFVI, pero con discos como este, Uematsu demostraba que todavía le quedaba cuerda para unos cuantos Final Fantasy's más, aunque al final no fueran demasiados.

Mis favoritos:

  • CD 1: Liberi Fatali, Balamb Garden, Blue Fields, Force Your Way, The Man With The Machine Gun
  • CD 2: Martial Law, Fithos Lusec Wecos Vinosec, Premonition, Fragments Of Memories, Ami
  • CD 3: The Spy, Movin', Drifting, Fisherman's Horizon, The Salt Flats, Silence In Motion
  • CD 4: Mods De Chocobo, Lunatic Pandora, Distortion Of Time, The Castle, The Succesor
Mi nota: 7

Música, Videojuegos, Review

Martes, 11 de Noviembre de 2008

12:06 am

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Final Fantasy VII OST (OST: Original Soundtrack)

Año: 1997

Compositor: Nobuo Uematsu (todas las canciones, si no me quivoco)

Si Final Fantasy VI es un mito, Final Fantasy VII es el mito elevado al cubo. Considerado por muchos uno de los más serios contendientes a mejor juego de la historia, y todavía el juego más vendido de la saga, marcó muchas cosas: el cambio de la saga de Nintendo a Sony (todavía se oye llorar a muchos nintederos veteranos ante una de las grandes puñaladas traperas de la historia de los videojuegos), otra ración de personajes carismáticos liderados por un prota callado y con bastantes secretos (Cloud, alias “el pelopincho”), el giro de guión más celebrado de la saga (Sephiroth cae del cielo con su espada, que cae sobre el corazón de... ya sabéis a qué escena me refiero), tanto que todavía se podía ver hace dos años a pobres pollos preguntando en los foros sobre si había alguna manera de resucitar a Aerith; y una de las traducciones más lamentables jamás traída al mercado español, porque si ya la traducción del japonés al inglés parece ser que tiene fallos, la del inglés al español es digna del traductor automático de Google: recordemos esos “Wow, how cool!” que le decían a Cloud traducidos por “¡Guau, qué frío!, o el mítico “Muy bien, allé voy” (la é de allé NO es un error mío de escritura, lo juro). Muchos lo consideran la cumbre definitiva de la saga, tanto en lo jugable, como en lo argumental y como en el apartado sonoro. Lamentablemente, no puedo incluirme en ninguno de los tres grupos.

Y es que, hablando de la banda sonora, que para eso estoy escribiendo estos tochos, el primer problema se pone de manifiesto en el primer tema, el tradicional Preludio que se lleva escuchando desde los inicios de la saga: suena casi igual que en la versión de SNES. Estamos hablando de una consola mucho, mucho más potente, con un chip de sonido que da mucho más juego que el de la SNES, y estamos escuchando algo que no es que suene mucho mejor que en una consola creada hace unos cinco o seis años antes, lo cual es cuanto menos decepcionante teniendo en cuenta que nos encontramos con una diferencia de edad entre ambos hardwares de 5 años. Si fuera esta la única pieza que evidencia esto, no sería para nada grave, pero hay tantos ejemplos a lo largo de la banda sonora: Mining Town, Barret's Theme, Costa Del Sol, The Great Northern Cave, Tifa's Theme... Podríamos poner como excusa que este juego fue lanzado en los primeros años de la consola, cuando todavía no se conocía a fondo su potencial sonoro, pero ese mismo año se lanzaron bandas sonoras como la del Einhänder, de mucha más calidad sonora (juego también de Squaresoft, lo cual hace este caso aún más sangrante), y el año siguiente vio la salida de bandas sonoras como las del Parasite Eve o la del Tekken 3, que parece mentira que pertenezcan a la misma consola que esta. Resultado: punto negativo fuerte para Squaresoft.

De todas maneras, si somos capaces de pasar por encima de este detalle, nos encontramos con unos mimbres parecidos a los de la banda sonora del FFVI: melodías sencillas y claras, que son el centro absoluto de bastantes de los temas, y mucha variedad e intentos de experimentación, haciendo tal vez un poco más de hincapié en músicas maś tecnológicas, sobre todo en el primer CD, el cual nos acompaña a los ambientes de la opresiva Midgar, abriéndose más a sonidos menos mecánicos cuando salimos al mundo exterior, cosa que queda reflejada en las piezas del resto de Cds. Aunque, a diferencia de la banda sonora precedente, la calidad no es para nada uniforme, y es precisamente entre sus experimentos donde encontramos la mayor inconsistencia. Los hay tremendamente satisfactorios, como la tremenda J-E-N-O-V-A, mezcla de techno y tema de batalla clásico que termina sonando a casi Alan Parson's Project, la envolvente e hipnótica “You Can Hear The Cry Of The Planet”, otro temón techno como “Crazy Motorcycle”, los sonidos tribales de “Cosmo Canyon” o el rock casi ochentero de “Still More Fighting”, por citar algunos. Pero hay muchos otros que no acompañan, que me parecen compuestos con falta de sueño, de ideas o al menos de imaginación a la hora de arreglar: los pesadísimos Sandy Badlands, “The Great Northern Cave” (que nos acompaña durante nuestros paseos por el mapamundi en la última parte de la aventura) o “Lurking In The Darkness", el irritante “Honeybee Manor”, o la en principio inquietante y al final aburrida “Trail Of Blood”. Y en los estilos más clásicos de las bandas sonoras de Uematsu (clásica y new age) la banda sonora sufre del mismo problema: parece incapaz de darte un buen tema sin darte casi a continuación uno ni de lejos tan brillante. Por una joya como Aerith's Theme (sencilla, tierna, preciosa), tenemos un insípido Parochial Town; por la inquietante y melancólica “Anxious Heart” tenemos un inquietante, disonante y no demasiado interesante (todo para mi extraño y personal gusto, que quede claro) The Nightmare Begins... y así podría seguir con cada uno de los mejores temas del disco. Seguramente estoy siendo demasiado duro con ella, pero tanta pieza de relleno insípido no parece propia del hombre que hace tres años hizo un disco tan consistente como la banda sonora del FFVI.

Y es un poco descorazonador, porque los mejores temas de este disco pertenecen por derecho al olimpo de las composiciones de este japonés: las ya mencionadas Anxious Heart, Aerith's Theme o J-E-N-O-V-A, el precioso “Main Theme of FFVII”, y por supuesto, el wagneriano (a mí me suena a Wagner, pero que alguien que lo haya escuchado y que sepa más de clásica que yo me corrija si me equivoco, que será lo más normal, please) y poderoso “One-Winged Angel”, que nos acompaña en la penúltima parte de la laaaaaarga batalla contra Sephiroth. Dos notas sobre ella: los coros, reales, por cierto, están “intertextualizados” de Carmina Burana, y es imprescindible escuchar el arreglo orquestal que se le hizo para el álbum FFVII: Reunion Tracks para poder escuchar esta pieza con el cuerpo sonoro que merece. Pero, volviendo a la banda sonora, y reiterando lo escrito en el anterior párrafo, es una lástima que se hallen rodeadas de tanta mediocridad, algo que hace tres años parecía desterrado del apartado sonoro de la saga. Y, desgraciadamente, es algo a lo que nos tendríamos que acostumbrar en esta fase de los Final Fantasy en consolas de Sony: momentos brillantes, pero en conjunto, poca consistencia. Tal vez sea eso cierto de que FFVI sea la gran obra de Uematsu, y su cima antes de su lento declive, pero que el negativismo de una parte de mis palabras no os reprima para escuchar este cuádruple disco: hay fallos, sí, y la calidad sonora es bastante mejorable, pero los aciertos compensan una gran, gran parte de los errores, y convierten a esta obra en un buen, aunque demasiado irregular, álbum.

Mis favoritos:

  • CD 1: Anxious Heart, Tifa's Theme, Still More Fighting, Crazy Motorcycle

    CD 2: Main Theme of FFVII, Ahead On Our Way, Farm Boy, Cinco de Chocobo, J-E-N-O-V-A

  • CD 3: Cosmo Canyon, You Can Hear The Cry Of The Planet, Aerith's Theme, Buried In The Snow

  • CD 4: Jenova Absolute, One-Winged Angel, World Crisis

Mi nota: 6.5

Música, Videojuegos, Review

Viernes, 7 de Noviembre de 2008

9:31 pm

Pienso empezar con este una serie de artículos donde dé un repaso por las bandas sonoras que he escuchado de una de las sagas de videojuegos más importantes (y longevas) de la industria videojueguil: Final Fantasy. Es la primera con la que muchos aficionados se iniciaron en esto de escuchar música de videojuegos (mi bautismo fue un poco antes de conocer los Final Fantasy, con la saga Ridge Racer), y su compositor principal durante muchos años, Nobuo Uematsu, es considerado el John Williams de este género, al menos en popularidad. Notaréis que empiezo a partir del VI: mi nivel de tolerancia al chiptune es bastante limitada, y bandas sonoras anteriores a esta se me hacen inescuchables, por más que lo he intentado (ya escuchar las del FFVI o FFVII se me hace complicado, imaginaos cosas como la del III o la del V, por buenas que sean, que estoy seguro que lo son). Además notaréis que mis gustos son peculiares, y mi nivel de adoración por Uematsu limitado, pero si esto le sirve a alguien para ponerse a escuchar lo que considero que son, en general, buenos temas encerrados en álbumes de cuatro CDs, bienvenida sea esta lista. Comenzamos por la primera cronológicamente hablando: Final Fantasy VI. Ah, último aviso: intentaré evitar los sopilers, pero PUEDE HABERLOS. Quedáis avisados.

Final Fantasy VI OSV (OSV: Original Sound Version, si no me equivoco)

Año: 1994

Compositor: Nobuo Uematsu (todas las canciones, si no me equivoco)

Final Fantasy VI. El mito. El videojuego que abrió a Squaresoft las puertas del mercado americano, el salto de madurez de la saga (se introducían temas en el argumento como el suicidio o el medio ambiente), 14 personajes de los cuales más de la mitad son considerados memorables, un malo antológico (Kefka, el mejor malo de la saga, más que nada porque está completa y absolutamente loco, y su risa es maravillosa) y en lineas generales, uno de los mejores juegos de la saga, a pesar de, para mi personal y extraño gusto, contener tantas de esas marcas de identidad de la saga que tanto me termina sacando de quicio (esos diálogos a veces absurdos, o simplemente ridículos, esos guiones que prometen mucho y que al final SIEMPRE van de lo mismo: grupo de gente se reúne para salvar el mundo porque es viernes por la tarde y no hay nada más interesante en el cine, imposibilidad de esquivar a los enemigos…) Si, mi relación con la saga es de amor-odio total: me gustan sus historias, a pesar de que en el fondo sean casi siempre de lo mismo, no me molesta su mecánica, aunque me termine resultando pesada y me gusten mucho más otras, etc… Pero no estamos aquí para hablar del juego, eso le corresponde a gente más cultivada en esas lides y mejor informada que yo, sino para hablar de su banda sonora, así que vamos con ella.

Final Fantasy VI OSV es considerada la obra más importante de Nobuo Uematsu, la más arriesgada, la que mejor aprovecha el hardware para el que está compuesta (SNES), y en lineas generales, su mejor obra, siendo considerada una de las mejores y más influyentes bandas sonoras de la historia de los videojuegos. ¿Merece tal consideración? Probablemente. En términos absolutos no puedo disfrutarla tanto como otras más recientes (FFX o FFXII) por el hardware para el que está compuesta, que por muy bueno que fuera en la época, no deja de sonarme demasiado primario, falto de texturas, agresivo para mis oídos, pero hay que reconocer que con unos mimbres tecnológicos tan limitados, Nobuo hace milagros, y consigue que una ópera suene medio convincente (Aria di Mezzo Carattere), que un tema de 15 minutos dividido en mútiples secciones sea disfrutable (Dancing Mad: el mítico tema final de batalla), o que nos creamos que la SNES puede sacar arpas y violines de la nada (Celes, por ejemplo). Aunque, siendo el aprovechamiento del hardware tan sobresaliente (de hecho, la banda sonora del FFVII, a pesar de estar en un hardware a todas luces superior, suena en demasiadas ocasiones peor que esta), esta banda sonora es mítica porque no contiene ni un solo momento bajo, ni un solo tema de relleno, nada: los 61 temas, del primero al último, son como mínimo disfrutables. Estamos hablando de que en un disco de 61 (SESENTA Y UNO, 50+11, VEINTE MAS CUARENTAYUNO) temas no hay NINGUNO desechable. Y encima, no existe la monotonía: además de los estilos tan dispares de los temas anteriormente mencionados (una ópera, un tema de ¿rock? progresivo de 15 minutos, música casi de cámara) hay tecno (Techno de Chocobo), un intento de blues marciano (Slam Shuffle), pianolas que suenan al Salvaje Oeste (Spinach Rag), vals (The Wedding), marchas fúnebres y depresivas (Dark World), incluso mínimos (MUY mínimos, no os penséis nada a lo Ministry, por Dios) toques industriales (Devil’s Lab). Mucha variedad, pero el estilo de Uematsu queda perfectamente bien definido: melodía sencilla, de no muchas notas, pero suficientemente expresiva para poder darle a la escena a la que acompaña el sentimiento adecuado. Y en esta banda sonora, el compositor está en racha, firmando algunos de sus mejores y más celebradas melodías (Terra, Edgar and Sabin, Dark World, los ya mencionados Aria Di Mezzo Carattere, Dancing Mad y Celes, Kids Run Through The City, la siniestra y juguetona Kefka…) Lo sorprendente, como ya he recalcado antes, no es la abundancia de buenos temas, es la falta de temas de relleno, y eso, en un disco de 61 temas, es casi un milagro. A pesar de tantos halagos dedicados, debo de decir que no es mi banda sonora preferida de la saga, debido a los problemas derivados del hardware para el que fue compuesta que ya he comentado antes, reflejándose eso en la nota, a priori no tan alta como este supertocho pudiera dar a entender, pero sí que está entre los primeros puestos del ranking, siendo sin duda la mejor muestra del talento del denominado John Williams de los videojuegos. Además, nos dio una adaptación orquestal maravillosa: FFVI: Grand Finale (donde se adaptaban 11 de los mejores temas de esta gran banda sonora), donde estas melodías brillantes tienen por fin el cuerpo sonoro que se merecen.

Mis favoritos:

  • CD 1: Opening Theme, Edgar and Sabin, Kefka, Phantom Train, Kids Run Through The City, Celes
  • CD 2: Terra, Techno de Chocobo, Aria De Mezzo Carattere, Grand Finale, Devil's Lab, Relm
  • CD 3: New Continent, Dark World, Epitaph, Last Dungeon, Dancing Mad
Mi nota: 8.5

Música, Review, Resúmen

Lunes, 31 de Diciembre de 2007

9:26 pm

Tercera y última parte del megapost: mi top diez de discos, del 10 al 1. Amos allá:

 

10. Kristin Hersh: Learn To Sing Like A Star
Portada del disco de Kristin Hersh

El resto de discos no me ha llevado demasiado tiempo escogerlos: sí, sus puestos habrán variado desde mi primera versión de esta lista, pero han sido los mismos discos siempre. Este décimo puesto ha sido durísimo de escoger. Tenía que escoger entre este album, el “In Rainbows” de Radiohead, el “Raising Sand” de Robert Plant y Alison Krauss (que ha sido mi puerta de entrada a la discografía de la Krauss), el “Sky Blue Sky” de Wilco (elegante, precioso, no entiendo las notas mediocres que recibió por parte de la crítica) y el precioso “Beauty & Crime” de Suzanne Vega. Nada menos que cinco discos que me han encantado, y un solo puesto. Muchas veces he estado tentado de ampliar la lista para que entraran todos, pero hay que mantener las tradiciones, y había que escoger solo uno de ellos. Me he quedado con este porque, además de ser un gran, gran disco, el mejor de su carrera en solitario seguramente, con canciones realmente emocionantes (In Shock, Day Glo, Sugarbaby…) me ha descubierto a una gran artista en cuya discografía y en la del grupo que lideraba (Throwing Muses) he buceado todo el año. Puede que el resto sea mejor (el de Wilco seguramente lo sea), pero estas listas suelen ser injustas, y la mía no va a ser una excepción, así que lo siento al resto, pero Kristin se encarama al último peldaño de mi Top 10.

 

9. PJ Harvey: White Chalk
Portada del disco de PJ Harvey

Dando otro de sus famosos giros a su sonido, PJ Harvey deja la guitarra en el rincón, coge el piano, y confecciona uno de los discos más bellos y aterradores del año. Cantado todo en el rango más alto de notas de su voz, con un piano que suena a uno de pared, mal afinado, suena a una pesadilla infantil victoriana, bordeado por letras siempre poéticas, y en algunos casos realmente duras (When Under Ether especialmente), White Chalk es de esos discos que siguen provocando escalofríos una vez terminados.

 

8. Spoon: Ga Ga Ga Ga Ga
Portada del disco de Spoon

Este año ha habido algunos conciertos que me duele mucho haberme perdido, pero ninguno como el de Spoon, que encima se presentaban en España con este pedazo de disco, tan imaginativo y minimalista como siempre, y con tantas canciones inmensas como de costumbre (The Underdog, producida por Jon Brion; Rhthm & Soul, You Got Yr. Cherry Bomb…). Spoon han llegado a ese punto de apuesta segura, en el que los discos les salen solos, casi de memoria, y siempre con una calidad que asusta.

 

7. The New Pornographers: Challengers
Portada del disco de The New Pornographers

El grupo de Carl Newman y compañía sigue en racha, esta vez dando un registro más reposado, menos inmediato (a ratos parece la continuación espiritual de The Slow Wonder, el disco en solitario de Carl Newman), pero igual de adictivo. Dan Bejar firma su mejor aportación al grupo, dejando tres grandes canciones, sobre todo Myriad Harbor, puede que la mejor que ha hecho para los Pornos; Neko Case canta poco, pero en las dos que tiene (Challengers y Go Places, dos de las mejores del disco) demuestra que cada año que pasa canta mejor, y Carl Newman sigue siendo incapaz de hacer una canción mala (Failsafe es la única poco interesante que firma). Como dije el año pasado, en un universo paralelo y más justo The New Pornographers serían superventas, tendrían un sitio propio en la historia del Pop y sus conciertos llenarían estadios, pero hasta que llegue ese momento, seguirá siendo nuestro pequeño secreto.

 

6. El-P: I’ll Sleep When You’re Dead
Portada del disco de El-P

El rapero más paranoico de New York por fin, tras cinco largos años de espera, nos da una continuación a Fantastic Damage. Para esta ocasión reduce el número de temas, aumenta el número de colaboraciones (Trent Reznor, Cat Power, The Mars Volta, Aesop Rock…), pero mantiene lo esencial: sus bases lo-fi, llenas de samples apocalípticos, caóticas, densas, y sus textos paranoicos y de ciencia ficción, empujando un poco más los bordes de lo que el rap puede llegar a sonar y a decir. Si, le hemos tenido produciendo de todo, pero le hemos echado muuuuuuuucho de menos.

 

5. Miranda Lambert: Crazy Ex-Girlfriend
Portada del disco de Miranda Lambert

Nunca me terminó de gustar el estilo de crítica destroyer de Stylus Magazine (mítica la crítica de The Beekeper de Tori Amos por Dom Passantino), pero algo que sí les agradeceré de por vida es que me hayan descubierto a Miranda Lambert, y es que este disco es casi un milagro: funciona en los momentos rockeros (Gunpowder & Lead, Gettin’ Ready. Down, Crazy Ex-Girlfriend) y emociona cuando baja el ritmo (Desperation, una de las canciones del año; Love Letters, la preciosa More Like Her…) Cuando empecé esta lista estaba bastante más abajo, pero es que por más que lo escuche no le encuentro el fallo. Uno de los mejores discos de country que he escuchado en años.

 

4. Nine Inch Nails: Year Zero
Portada del disco de Nine Inch Nails

Un disco como Year Zero da para mucha grandilocuencia verbal, así que intentaré contenerme en la medida de lo posible… a quién pretendo engañar, no voy a ser capaz de hacerlo, así que empecemos: viva la madre que parió a Trent Reznor. Los que le daban por acabado tras With Teeth (que, por cierto, cada día suena mejor), por favor, pasen por esta ventanilla a comerse sus palabras, porque Nine Inch Nails han hecho su mejor trabajo desde The Downward Spiral. Con una de las campañas de promoción más imaginativas, originales y efectivas vistas jamás en la industria discográfica, relatándonos un futuro apocalíptico y aterradoramente posible, Year Zero funciona como la banda sonora de ese futuro, describiéndolo desde diferentes perspectivas (poder, religión, soldados, activistas, jóvenes apáticos y endrogados…), y lo que describe no es nada bonito: poder absolutista, jóvenes apáticos que se sumergen en una poderosa droga llamada Opal, cambio climático desbocado, guerras sin sentido por todo el mundo, terroristas suicidas, drogas de control mental en el sistema de aguas, y una misteriosa mano que de vez en cuando baja del cielo. El fondo sonoro es igual de caótico que el futuro que describe: acumulación de samples aparentemente sin sentido, beats sinuosos, casi funkys, incluso sexys, guitarras cortadas, resampledas y distorsionadas hasta sonar irreconocibles. Y, lo más importante, canciones. Canciones como puños, algunas de ellas de las mejores que ha hecho nunca (Me, I’m Not, Vessel, In This Twilight, Survivalism, Zero-Sum, otra balada de cierre tremenda…) Hasta sus letras, normalmente su punto débil, mejoran ostensiblemente. Ok, no he sido capaz de contenerme, pero es que Year Zero es mucho.

 

3. The White Stripes: Icky Thump
Portada del disco de The White Stripes

El rock puro, sin adulterar, sigue llevando el mismo nombre que llevaba en los 90: The White Stripes. Los de Detroit, tras el curioso Get Behind Me Satan, vuelven a las guitarras de toda la vida, se toman tres semanas para grabar (algo insólito para ellos) y entregan su mejor trabajo junto con Elephant. Con un pepinazo de single (Icky Thump), una delirante versión con trompetas y todo (Conquest), gaitas (Prickly Thorn, But weetly Worn, preciosa), mucho cachondeo (grandiosa Rag & Bone) y tremendas canciones de puro y duro rock, Icky Thump demuestra que si bien Meg sin Jack puede que no sea mucho, Jack necesita a Meg al lado para sacar lo mejor de sí mismo.

 

2. M.I.A: Kala
Portada del disco de M.I.A

Kala es como Arular, pero más grande, más largo y sin cortes. Y mejor. Ayudada esta vez por Switch, con quien hace prácticamente todo el disco (Diplo aparece en Hussel, XR2 y Paper Planes, y Timbaland desilusiona en Come Around, que ya se pudo oír en su disco en solitario, Shock Value), Kala suena más apocalíptico, bizarro, guerrillero y más global que Arular, deja al menos cuatro de los mejores singles del año (Bird Flu, Boyz, Jimmy y Paper Planes), dejándose además otros potentísimos en la recámara (World Town, XR2, 20 Dollar), propone mezclas audaces (la más seguramente en 20 Dollar: Pixies+New Order+electro) y deja un cameo antológico de Afrikan Boy en Hussel, otro de los puntos álgidos de un disco glorioso, aventurero, global, luchador, y encima tremendamente bailable: la fiesta global con conciencia. En cualquier otro año sería mi disco del año, pero…

 

1. LCD Soundsystem: Sound Of Silver
Portada del disco de LCD Soundsystem

…este año salió el segundo disco de LCD Soundsystem. Su primer disco fue realmente bueno. Este segundo es histórico. James Murphy aprende a cantar realmente bien, coge toda la música de su infancia y juventud (Kraftwerk, Talking Hears, David Bowie…), y hace el mejor disco que he escuchado en unos cuantos años. Get Innocuous! y sus siete minutos de pura fiesta y sabiduría analógica te pone sobre la pista de que estás ante algo grande, y a medio camino de North American Scum no dejas de preguntarse como ahora puede cantar tan bien. Pero es cuando engarza una de las mejores y más emocionantes canciones que recuerdo sobre la pérdida, física o sentimental, de alguien (Someone Great) con una de las mejores y más emocionantes canciones que recuerdo sobre la amistad (All My Friends) cuando sabes a ciencia cierta que estás ante algo muy especial. Y el resto de canciones no hacen sino acrecentar esa sensación: Us Vs. Them y sus 8 minutos que se pasan volando, la cachonda Watch The Tapes, (el Movement de este disco), Sound Of Silver y su insistente refrán… Cuando ha terminado la preciosa New York, I Love You But You’re Bringing Me Down, te lo vuelves a escuchar, pensando que tiene que haber un fallo por alguna parte. Yo llevo incontables escuchas de este disco, y todavía no se la he encontrado. Y, lo que me resulta más inconcebible, todavía me emociona y me mueve como el primer día. Al final te rindes y disfrutas como un enano, consciente de que  tienes en las manos uno de esos discos que te acompañarán siempre, que merecen estar en la banda sonora de tu vida. Gracias, James.

Ale, terminado. Aquí os dejo, como propina, un enlace a un archivo .zip (117 MB) donde he metido los 11 singles que destaqué en la primera parte de este post, más otras 10 canciones, cada una de los discos de mi top 10. No atragantarse con las uvas, y como ya dije el año pasado, que en el 2008 nuestros problemas duren tanto como nuestros propósitos de Año Nuevo. ¡Feliz año!